A media Luz

A Media Luz

Para la mayoría de los mayores de 40 años (aquí en España), sonará al menos el estribillo:

Gardel-1-web

Y todo a media luz,
que es un brujo el amor,
a media luz los besos,
a media luz los dos.
Y todo a media luz
crepúsculo interior.
¡Qué suave terciopelo
la media luz de amor!

 

Tango de 1924, composición de Edgardo Donato, tras una letra que le entregó Carlos Lenzi. Este último a la par que poeta del tango fue primero autor teatral y a su pluma se deben otros tangos no tan célebres para el gran público pero si para el avezado como por ejemplo: Noches de Montmartre y Araca Paris. Ninguno de ellos ni el que nos ocupa, a pesar de la absoluta genialidad de la letra habría llegado con esa permanencia a nuestros días, si no hubiera sido interpretada y popularizada por el mago del Tango Carlos Gardel. Todo lo que los poetas del tango le dieron a Gardel, que fue mucho, este se lo devolvió con creces.

El  tango, ese ejercicio pecaminoso que acaso en la España franquista, fuera desaconsejado en la encíclica de algún obispo por la aproximación y el engarce de los cuerpos, sin embargo parece ser que en sus letras no sufriera una gran persecución. La causa que vislumbro más que probable es que la mayoría de los textos procaces, irreverentes o de decadencia de las costumbres, estaban escritos en lunfardo y por lo tanto no comprendidos. A menudo estas “lagunas lingüísticas” eran sustituidas por otras más piadosas. Y pongo un ejemplo: en el archiconocido Tango Adiós Muchachos, donde el segundo verso dice en el original: Barra querida, de aquellos tiempos, aquí legiones enteras cantaron: Patria querida de aquellos tiempos.

Pero volviendo al tango objeto de este articulo, su arranque potente es el que sigue:

PISITO-QUE-PUSO-MADRE-epreuve-para-web

Corrientes 3, 4, 8,
segundo piso, ascensor.
No hay porteros ni vecinos.
Adentro, cocktail y amor.
Pisito que puso Maple:
piano, estera y velador,
un telefón que contesta,
una victrola que llora
viejos tangos de mi flor
y un gato de porcelana
pa’ que no maulle al amor.

En verdad cada verso merecería un comentario, pero ciñéndonos a la longitud aconsejable de un artículo de cuaderno cibernético, nos ocuparemos solo de aquellos que presenten una mayor dificultad de entendimiento. El primer verso nos da una ubicación; el segundo completa la ubicación y nos da una primera idea de opulencia “ascensor”, el tercero discreción, el cuarto incitación. El quinto, Pisito que puso Maple, siempre había un servidor interpretado: Pisito que puso madre. Lo cual casaba perfectamente en el espíritu del tango, un piso que la madre había puesto a un hijo díscolo. Pero llegó internet y con ello la accesibilidad a letras y descubrimos que no es madre sino Maple. Y quién es Maple? Tras sesudas investigaciones llegamos a la conclusión de que Maple, aparte de la variedad de madera que en español se llama arce, era una mueblería, como dicen en Argentina a la que podías confiar que te amueblara o pusiera el piso. Piso también es raro en Argentina, pues se usa el vocablo departamento. Pero cuando el departamento ocupa la totalidad de la planta, hablamos de piso. Seguimos con Piano, estera y velador, lo que nos sigue dando idea del equipamiento del piso, un telefón que contesta. Poderío años 20. Y el colmo de la discreción es: Y un gato de porcelana/ pa que no maulle al amor.

Seguimos:

Juncal 12, 24
Telefoneá sin temor.
De tarde, té con masitas;
de noche, tango y cantar.
Los domingos, tés danzantes;
los lunes, desolación,
Hay de todo en la casita:
almohadones y divanes;
come en botica, cocó;
alfombras que no hacen ruido
y mesa puesta al amor.

Las “masitas” del tercer verso, tras consultar algún diccionario lunfardo, hallamos “masitero”, el que hace bizcochos y otras facturas. Luego podemos traducir masitas por pastas. El antepenúltimo verso advierte que también hay como en botica cocó. Esto último vamos a permitirnos no aclararlo y dejarlo  a la investigación del amable lector, de momento. Y termina con esa bella metáfora de: y mesa puesta al amor.

Vuelve a sonar el estribillo y termina con acorde característico de todos los tangos clásicos.

Para los entusiastas del tango, recomiendo muy vivamente la lectura de la novela, La vieja del molino de aceite de Santiago Lorén (Premio Ateneo 1984), que si bien no es de temática tanguista, sí que hay una anécdota con un tango que tiene su relevancia en el argumento. ¿Adivinan de qué tango se trata?

 Juansito Caminador

 

 

 

Un pensamiento en “A media Luz

  1. Hola, “pisito que puso Maple”, siempre lo pensé (erróneamente, parece) como un piso de piano, un mueble, un taburete para el pianista. “Piso” en este país , Chile, no es un departamento (o apartamento), como tampoco , como lo dices, en Argentina. Me parece haber leido “Maple” como una firma internacional de muebles , y entiendo que es también el nombre, en inglés, de un árbol.Saludos

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