VISITANDO A UNOS AMIGOS.

VISITANDO A UNOS AMIGOS.

LOS-CHICOS-DE-MUSOLES-WEB

Sábado 11 de mayo a las 20,00h, Llego con cinco minutos de retraso; no tengo perdón, viviendo tan cerca. José María Musoles ya estaba hablando. Nunca antes había asistido a un mitin político. Tampoco esto lo era en sentido estricto. Era la presentación de su candidatura a la alcaldía de Godella. Moderación, buenas palabras, nada de descalificaciones al adversario, y manifestación de voluntad de compromiso y de trabajo. Agradecimiento a los militantes y a los votantes.

A continuación, ha ido presentando a todos los que conforman su equipo: desde el número veinte hasta el dos. Muchas mujeres, no sé si hay paridad o no ¿acaso eso tiene alguna importancia? De todos extraía las cualidades, demostrando que los conocía y que era un equipo cercano.

Después ha intervenido, el diputado a Cortes Luis Santamaría que, a decir verdad, ha demostrado que no es de aquí; no puedo destacar otra cosa de él. Se lo podrían haber ahorrado, pero comprendo que para los partidos estos refuerzos dan cierto plus a sus actos.

Este escribidor, no ha ido por el acto político. Ha ido a ver a su vecino Pepo Musoles, a su amigo Vicente Estellés y a su conocido José Luis Martí Bosch. Con agradecimiento. Fueron los únicos políticos, aunque sin cargo, de Godella que asistieron a la presentación de mi libro, Cuentos Arquitectónicos el 1 de diciembre de 2017. También asistió Paquita Mocholi, ésta de otro partido, regidora de Biblioteca. Muchas gracias a todos. Les he devuelto la visita.

          Joan Perfavor

EL ENAMORADO DE NOTRE DAME. Fotonovela en 14 Actos.

EL ENAMORADO DE NOTRE DAME.
            Fotonovela en 14 Actos.

01-L'HOMME-ARRIVE-A-PARIS

El hombre llegó a Paris, de la lejana España, en metro, como se ha de llegar.

 

 

 

 

 

 

02-PIEGESA partir de ahí, su discurrir estuvo lleno de trampas en el camino..

 

 

 

Las salvo, más o menos y mientras vagabundeaba, desde la Rive Droite, la vió.

03-ND-DES-LA-RIVE-DROITE-web

Cruzó el Sena para verla por detrás. El ábside con sus arbotantes le fascinó y sedujo.

04-NOTRE-DAME-2011

05-ND-JOSEBA-09Su corazón quedó presto para el amor. Entre todas, eligió la dama y la siguió.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

06-SEPHA-CIRIOS-NOTRE-DAMEHasta el interior del templo. Mas viendo su recogimiento, salió.

 

 

 

 

 

07-PA-ND-1Afuera, el cielo enrojecía. La esperó.

 

 

 

 

 

 

 

Se hizo de noche.

08-PA-ND-5-2

 

 

 

 

 

 

09-PA-ND-LA-NUITMuy de noche. Y ella no salía

 

 

 

 

 

 

 

Mientras, París no se detenía. Nunca lo hace. Es su vocación.

10-NOTRE-DAME-2008

11-MOI-SUR-LA-SÈNESe asomó al Sena, cloaca común que todo lo fagocita. Tuvo la tentación, pero se quería demasiado para dar el paso.

 

 

 

 

 

 

 

 

12-NOTRE-DAME-JOUR-13Volvió al principio; no en vano es el kilómetro cero. La muchedumbre, cual masa oscura contrastaba con la iluminación exterior del templo.

 

 

 

 

 

 

 

12-NOTRE-DAME-TORRES-7-2Pero de pronto la luz brotó de su interior y la derramó sobre los congregados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hombre abandonó la foule. Volvió a rodear el templo, buscando su ábside amado. Quedó solo; con sus pensamientos. Con la que no volvió. Con la inmanente, con la inmarcesible…

13-NOTRE-DAME-531-2

De pronto el cielo se incendió. El resto es historia reciente.

14-NOTRE-DAME-BRULE

Manuel de Français

 

ALBERTO CORTEZ. Cuando un amigo se va.

ALBERTO CORTEZ. Cuando un Amigo se va.

ALBERTO-CORTEZ-TELON-WEB

Se nos fue Alberto Cortez en silencio, aunque él no fue un hombre de silencios. Como buen argentino fue gran decidor. “A lo mejor más que viejo, seré un anciano honorable, tranquilo y lo más probable, gran decidor de consejos” (canción la vejez). El silencio se lo dimos nosotros pues ya casi nadie le recordaba, aunque todavía seguía en activo, algo maltrecho, es cierto, pero aún tenía algunos apuntes en su agenda. Ese olvido a este escribidor, fatalmente especializado, últimamente, en obituarios le causa tristeza.

Cuando un amigo se va, entre sus muchas y muy bellas canciones, es el himno que procede como despedida. “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.” Otros cantores, quizás, llegarán, aunque los tiempos que corren no parecen reunir las condiciones, el sustrato necesario para forjarlos. Pero no sería en vano que hoy, en que el grito se interpreta, erróneamente, como cantar, alguno de estos vociferadores jovenzuelos, (la Rae no admite vociferos que me gusta más), por azar o por despiste escuchara alguno de sus discos y aprendiera que, aun poseyendo torrente de voz, hay una manera de cantar, de decir la canción.

Se cuenta que debutó, siendo muy joven, con cancioncillas frívolas como “El Sucu Sucu” y otras del folclore americano. En esa primera época “frívola” creó su primer gran éxito “las Palmeras”

Ello le abrió las puertas de otros auditorios, así en su primer concierto “unipersonal” en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, sorprendió a propios y extraños cantando temas de Atahualpa Yupanqui, Dávalos, incluso dos poemas de los 20 de Pablo Neruda y una Canción Desesperada, en concreto los números 15 y 20 que él mismo musicó. En ese mismo recital, estrena su emotiva canción, “En un rincón del alma”. Este escribidor, mantiene su teoría de que los grandes cantores y compositores, de longeva carrera musical, aunque sigan componiendo, sus mayores “hits”, los compusieron siendo razonablemente jóvenes.

Nació así el cantor, no diremos comprometido, pues cantautor, se alejaba un tanto de aquella marca de identidad, propia de una época. Su canción, en general, no era protesta, más bien un canto a la vida. Se celebraba la suerte de vivir, “Qué suerte he tenido de nacer”. Lo cotidiano lo natural, nacer, crecer, enamorarse, eran tratados con sensibilidad poética. Pocas veces su canción iba contra, excepcionalmente, aunque sin saña, “Para ser un pequeño burgués” en la que no falto de ironía, reconocía que tales consejos los podía dar “por propia experiencia”. Su canción era a favor “pro”, evocativa “Mi árbol y yo”, melancólica, sin amargura “Distancia”, “Como el ave solitaria”. Y testimonial. En una sola canción, “El Abuelo”, entendemos porque a los españoles todavía nos llaman gallegos en Argentina. Mas esa hermosísima canción es, por añadidura, la exposición del viaje de ida y vuelta. Va el abuelo y se queda anclao, no en Paris, como en el tango de Cadícamo, sino en la Argentina y a esa nueva tierra entrega su vida. Vuelve el nieto, él, poco importa si es autobiográfica o no, quien promete al abuelo volver a la aldea gallega de la que el viejo salió hace tantos años. Y le habla al Viento del Norte, como antaño lo hiciera el abuelo.

Canta a la amistad “A mis amigos” a los que te dan la vida y con los que compartes lazos de sangre, “Eric Peter y Jan”. Y al amor, ese amor gigante, cuando el enamorado se torna devoto de su amada, sin obsesión, o con ella, “Te llegará una rosa cada día, que medie entre los dos una distancia. Y será tu silente compañía, cuando a solas te duela la nostalgia”.

La lista no acaba ahí, lo anterior es tan solo un esbozo. Mi relato tiene vocación de crear curiosidad en el lector que no lo ha conocido y aportar memoria a quien la ha perdido. Los derechos que tales prospecciones, acaso compra de algún disco, ya no los disfrutará; alguien los percibirá, pero la industria es así.

Se cuenta, que conoció a la Piaf, quién le hizo ojitos, como se los hacía a los mocetones de aspecto latino y se cuenta también, lo escribió él, que de ella adoptó la sobriedad en el vestuario sobre la escena: el traje oscuro, neutro, sin realce de blanco en el cuello ni en la manga, quizás para que el protagonismo, esto lo añade un servidor, no fuera el artista, sino la canción.

Cuando conoció a Brel, Jacques Brel, sobre el escenario, insolencia de juventud, se burlaba de él, por su forma estrambótica de gesticular y de sudar. Renée Govaerts, a la sazón joven amiga de Cortez se enfadaba muchísimo. La mujer belga, su compañera de toda la vida, le hizo reflexionar. Luego, por exigencias del guion, aprendió francés y comenzó a entender todas las cosas que Brel cantaba, la belleza de sus letras y sintió un profundo arrepentimiento.

Este relato llega a Facundo Cabral. Si Cortez, hoy en día está olvidado en España, Cabral es como si nunca hubiera existido. Un sujeto absolutamente silvestre, “No soy de aquí, ni soy de allá”. Este es el título y la letra continua:

Me gusta el vino tanto como las flores

y los amantes pero no los señores,

me encanta ser amigo de los ladrones

y las canciones en francés.

 

No soy de aquí, ni soy de allá

no tengo edad, ni porvenir,

y ser feliz es mi color de identidad.

 

Facundo Cabral murió tiroteado “por error” hace unos pocos años, 2011 en Guatemala. Alberto Cortez murió de tanto usar la vida este jueves, 4 de abril de 2018.

Acérquense a Alberto Cortez. Y este les llevará a Facundo Cabral. Descubran que lo Cortez no quita lo Cabral. Vale la pena.

 

El Morocho del Abasto

Le Troubadour

             Le Troubadour
(Récit de la Marquise)

    LE-TROUBADOUR-web        Quand une femme a autant vécu, malgré mon âge ; toujours jeune, chaque jour plus jeune. Quand une femme a parcouru une petite partie du monde ; a connu des hommes, a connu même un mari ; voici une affaire qui nous rend égales les plébéiennes et les aristocrates. Quand une femme a appris à vivre sans rendre hommage à sa sensualité, pas par mépris, mais par oublie… Tant a manqué la cruche d’aller à l’eau, qu’elle s’oublie de l’eau et de l’humidité qu’elle fournit.  Elle se concentre, je continue à parler de la cruche, dans sa sécheresse et dans son vide qu’elle remplit d’autres choses.

            Ah, mes amies, pourtant retrouvé l’humidité, il n’y a rien comparable à la lubrification naturelle, comme dit mon amant : l’humidité, c’est le thermomètre de la passion.

            Je l’ai rencontré par un pur hasard, mais comme je n’y crois pas, je parle du hasard, je l’ai rencontré parce que cela devait arriver. Au début, vous savez, élevée dans mes quartiers de noblesse, un simple routier, n’était pas une bouchée pour mon palais fin.

            Mais parfois, ces choses, on ne sait pas comment, arrivent ; je l’ai reçu chez moi, son feutre à la main, car il y a des plébéiens gentils lesquels se découvrent chez une dame.

            Il a commencé à me parler d’un ton tout bas ; je ne sais pas si  j’ai dit déjà qu’il est un troubadour. D’un genre particulier ; il ne chante pas, il récite. Durant un entretien, selon les normes les plus exquises de la politesse, il a égrainé une petite partie de son répertoire.  À l’heure de prendre congé, après une simple expérience, j’ai su que ma bouche l’appartenait.

            Et la cruche, selon sa vocation ancienne, est allé à l’eau, une fois, deux fois… maintes fois. Comment vous dire ? Quand il me jette dans ses bras, merci Édith pour les paroles, et dans mon lit, je deviens un petit monde qu’il a le droit de parcourir de ses mains toujours exploratrices ; toutes mes régions l’intéressent.  Et sa bouche, qui n’assouvit jamais sa faim, explore les sources du bonheur et du plaisir. À cet instant, je deviens sucrerie, tel je me sens en voyant, sans regarder, son avidité. Je m’abandonne à cette avalanche de sensations d’une intensité qui me fait frémir, comme un tremblement tout en haut sur l’échelle de Richter.

            Mais la docilité et la quiétude ne demeure pas très longtemps chez moi, car j’aime l’activité. Je deviens agent. Ma bouche, à son tour, au-delà de la sienne, dont elle garde encore le dernier baiser, cherche poussée d’une avidité soudaine, le symbole de sa masculinité. Ah, si vous saviez quelle adresse. Ma main, selon son caprice, le mène, soit dans ma bouche, soit sur mes bajoues.

            Et c’est comme ça, que je deviens dominatrice. Tout son être est dans mes mains et entre mes dents. Mais je n’y pense pas. La convoitise ne me permet pas d’avoir des pensées claires. C’est une ivresse !

            Et le décubitus dorsal, quelle folie. C’est mon positionnement préféré. Mes yeux, maintenant grand ouverts. Lui, il a beau être plébéien, il a ses caprices aussi. Dans mes yeux, ouverts, comme on l’a dit, il veut voir reflété le toit de ma chambre. Quelle idée ! Voir reflétés dans mes yeux les fresques de ma chapelle d’amour. Il s’approche tellement d’eux, son obstination d’y pénétrer est si ferme, qu’à la fin il y pénètre, il me pénètre et cette fin, n’est qu’un début nouveau.

            Il s’étend sur moi, comme la nappe s’étend sur la table pour la dresser. Sous ce couvercle de chair ardente, ma volonté rompe, l’abandon est total, le plaisir, qu’en savez-vous du plaisir ? Je me fonds, je me sens de la même matière que lui ; c’est une approximation à la Trinité : deux corps, une seule substance.

            Après l’amour, comme dit le poète, chacun va de son cœur à ses affaires. Lui, il a sa vie, moi, j’ai la mienne. Pourvu que nos chemins se croisent bientôt

            La Marquise de X.

       Tel a été le récit que Mme. la Marrquise  m’a remis, incluant la conformité pour  sa publication. 

Manuel de Français

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Mathilde et la Marquise

Mathilde et la Marquise.
(Récit du Troubadour)

 MATHILDE-web     La Marquise m’a reçu à nouveau. Dès le jour précédent, je préparais l’instrument. Qu’en pensez-vous ? Quel est l’instrument d’un troubadour ? Notamment la voix. Mais, vous savez, parfois, la chanson s’interprète du corps entier.

      La Marquise, capricieuse comme elle est, change de meublé pour ses entretiens avec moi, cette évocation me fait rougir, mais reste fidèle à l’agence de location. En fait, elle a déjà une solide réputation comme cliente distinguée.

      J’avais oublié les paroles de ma dernière chanson, écrites à la hâte dans le repos entre deux rapports, dont le détail, un chevalier n’a pas le droit de diffuser. Non plus un plébéien. Je suis revenu sur les lieux. Et c’est là que j’ai découvert Mathilde.    Je n’y suis pas entré. La porte était béante. Je n’ai pas pu m’empêcher de regarder.

      Mathilde est fille de chambre. Elle ne peut consacrer que trente minutes à chaque meublé. Mais parfois, cela arrive, le temps s’arrête. Par sa démarche, sa façon d’agir, sa curieuse chorégraphie, j’ai appris qu’elle était dévouée à la marquise. Elle reconnaissait les traces de sa présence récente. La Marquise, on l’a dit déjà est capricieuse ; elle signe ses séjours galants laissant un témoin ; toujours une bouteille de champagne vide, étiquette à fleurs.

     Mathilde l’a prise. Elle a versé les gouttes rémanentes dans un verre fin. Peu importe s’il se salit ; elle fera la vaisselle. Le verre à la main, elle entre dans la chambre à coucher.

     Là, le souvenir des corps demeure encore sculpté dans le creux du lit. Les draps encore tièdes. Elle passe sa main libre dessinant la silhouette qu’elle devine des corps qui se sont aimés pendant des heures. D’abord celui plus proche que je sais le mien ; je me sens frémir ; après l’autre que je sais de ma maîtresse. A-t-elle aussi deviné quel était lequel ? Oui, j’y crois. Elle flaire ; ses narines se dilatent.

      Après, se tournant, sa figure et son corps vêtu de sa blouse de travail se reflètent dans le miroir. Elle a encore le verre à la main. Avec celle qui est libre, elle commence à déboutonner son costume. Lentement ; un par un, les boutons se libèrent. La blouse s’ouvre. Apparaît une chair blanche, une culotte et un soutien-gorge roses à dentelles C’est une lingerie de marquise dans une tenue d’ouvrière. Elle se regarde dans le miroir, le lit défait derrière elle, le verre encore à la main et commence à se caresser doucement. Lorsque ses doigts glissent et atteignent une zone sensible, elle frémit à peine perceptible, comme le ronronnement d’une chatte.

     Mon dévouement à la Marquise, car je suis aussi un homme dévoué, m’empêche de continuer mon observation. Calmement, je reprends mon papier, griffonne un billet et livre un autre de banque : 50 euros. Pour Mathilde, dit mon billet. Pourvu qu’elle continue sa collection de lingerie.

      Le Troubadour

     Tel a été le récit que mon ami le Troubadour m’a remis, incluant la conformité pour sa publication.

     Manuel de Français

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LE DÉSHABILLÉ DE LA MARQUISE

Le Déshabillé de la Marquise.

 LA-MARQUISE-1           La marquise a reçu son troubadour. Pas chez elle, évidement, mais dans un meublé loué à l’occasion. Un meublé coquet et discret dans la vieille cité. Lui, il n’est pas de bonne famille, qu’en pensez-vous d’un troubadour, un plébéien. Mais ces dames là, vous connaissez, ont parfois ces caprices. C’est la fine d’amour, l’amour courtois, bref ; l’amour fou.

     Ils ont eu une dinette, en tête à tête, saupoudrée de conversation. Le Champagne a coulé dans des coupes en verre fin; les flûtes sont pour les snobs ; les petites bulles légères, aériennes, ascendantes, éphémères, picotaient le fruit du désir; de la convoitise.

     La table desservie, car notre marquise a horreur du désordre, sans ouvrir nulle porte, comme une nouvelle scène du même décor, un grand lit sans baldaquin les a accueillis. Ce qu’on appelle un lit bas, mais vous savez, pour un troubadour… Il avait beau être plébéien, il était un homme raffiné. Il délectait toutes ces charmes ; le sous-vêtement, la lingerie. Dévêtir dans le but de trouver la chair frissante, bien entendu, mais aussi la caresse textile des pièces chaudes qui commencent à s’humecter. L’humidité est le thermomètre de la passion, c’est son avis et sa joie. Notre jongleur-compositeur est généreux dans le sens que son éveil sexuel ne se produise qu’en éprouvant l’excitation de sa partenaire.

     Le plat, par conséquent est servi. L’odorat, le gout, le toucher, l’ouïe, la vue, les cinq vrais éléments. se mettent à servir l’amour. Pendant des heures, à maintes reprises lui, elle, jouent le meilleur de son répertoire ; de leur répertoire.

     La cantate, ainsi composée, ainsi vécue, ainsi travaillée, devient immense. Toutes les voix intérieures composent la grande chorale de la passion qui renvoi le bonheur, la jouissance, la fatigue heureuse…

     Le troubadour, se repose avec indolence dans un petit fauteuil tapissé en vert. La marquise revient sur scène, sa toilette à demi faite. Sa lingerie a donné le relai à son amant, et c’est elle, à nouveau, comme au début, qui caresse sa peau. Sans y accorder importance, elle remet son sous-vêtement qui glisse élégamment sur son corps récent aimé. Et c’est cette image fugace, fruit d’un instant, à la désinvolte, celle qu’il gardera au-delà des autres. Le déshabillé de la marquise.

      Manuel de Français

Une nouvelle histoire galante sur ce lien: http://blog-entonoquedo.msal-delinea.com/mathilde-et-la-marquise/

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MIL NOVECIENTOS VEINTIDOS.

MIL NOVECIENTOS VEINTIDOS.

LAS-PIEDRAS-SARRION-1922

            El abuelo, socarrón, desde su altura, mira con sorna la escena que a su alrededor se forma. No le importa. ¿Qué más da? Ha venido el señorito armado de uno de esos aparatos que capturan imágenes. Han salido todos de la casa. No ha habido tiempo para la ropa de los domingos. Quizás es domingo y la ropa es la misma; no hay otra. Sí, debe de ser domingo, sino, ¿cómo iban a estar todos ociosos bajo el sol del mediodía?

            Se cuenta que Andrés, el abuelo, sale de la masía al primer toque, media hora antes y con sus piernas largas, llega puntual a la misa. Los demás salieron otra media hora antes. Él los alcanza. Por eso no le impone el fotógrafo, quizás de su misma altura… O es que el sol, que cae vertical, ¿le fuerza a esa mueca que parece insolencia?

            Su mujer, bajica, a su diestra, le ha dado dos hijos, que aun buenos mozos, no tienen su porte.

            Joaquín deja caer sus largos brazos. Su mano izquierda yace hueca, ofrecida y Teresa, tímidamente, cuanto apenas se atreve a tomar.

            ¿Qué pensará ella del diabólico aparato que esgrime el fotógrafo? Se ha marcado bien la raya en el pelo y cruzado la toquilla sobre su pecho. Pero antes, ha tensado bien la faja de su hombre, quien girando sobre sí mismo, cual peonza, se ha enrollado en ella. Después, le ha peinado el flequillo bien mojadico sobre la frente. En un tira y afloja de la faja, hicieron lo necesario y les nació Consuelo que, cogida al brazo, espabilada mira la vergüenzica de su madre.

            Benito tiene sus dos manos ocupadas, lo que resulta una ventaja para el posado fotográfico. Con la rosquilla en su mano diestra intenta entretener a Ignacio, quien en su izquierda se ha quedado dormido.

            Andrés, sin pestañear, percibe la timidez de la rama de su derecha y el porte orgulloso de la de su izquierda. Al final de ésta, Aurora, su nuera, desafía con su mirada la cámara. La misma raya que su cuñada, con el pelo más aplastado, la toca dispuesta con más donaire y el mismo sayón. La pequeñica, Elena, con su largo ropón, oculta sus pies descalzos, mientras que su prima, Consuelo, que ya debe trotar y patinar, luce zapatitos, que quizás ella herede.

            Ha habido una gran guerra en Europa, de la que ellos, seguramente nada saben, pero el fotógrafo sí. Quizás, ello le ha permitido, conseguir la cámara fotográfica, alemana tal vez, a buen precio. Pero esto es mera fantasía, especulación sin fundamento de este escribidor de historias.

            Habrá llegado hecho un pincel con su traje, probablemente blanco y su sombrero canotier al más puro estilo Maurice Chevalier. Ellos no saben quién es Maurice Chevalier, tampoco el fotógrafo; todavía no. Luego sí, quizás viaje a Paris.

            Ninguno de ellos sabía que, tras la Gran Guerra, vendría otra, para gran vergüenza, la nuestra. El fotógrafo murió en un bando, no quiero saber cuál; todos los bandos son perversos, anulan la libertad del individuo. El niño de la foto, despertó del abrazo de su padre, creció, fue al frente… Pero no despertó de una bala que le alcanzó. Probablemente no era de ningún bando, tan sólo del que le tocó en mala suerte.

Fotografía:                               de Alberto Benso García..
Colección particular:                 Alberto Arnau Benso (nieto del anterior)
Compartida en Internet por:      Christiane Doménech Lahoz.

Manuel Salvador Redón.

POLEO DRÁCULA O TÉ TAMPAX.

POLEO-DRACULA-1POLEO DRÁCULA O TÉ TAMPAX.

Hoy tocaba ir al Ambulatorio de Godella. La cita era para las 10,06h. Había leído, tiempo atrás, un artículo en prensa titulado: Centenares (o miles) de valencianos dan plantón a su médico. Dicho de otra manera: piden cita y no acuden. No soy dado a tales excesos y puestos a bordar la conducta de ciudadano-usuario-paciente ejemplar, me presento a las 9.55h. ¡No es broma! Al poco, que no se me antojó tan poco, siempre la espera se hace larga, aparece la doctora, lista en mano. Nombra a tres esperantes. Ninguno de ellos era yo. Me digo para mis adentros: Con el tiempo que dedica a cada paciente, si parece que les haga un chequeo completo, puede llevar algo de retraso. No digo nada para mis afueras; espero.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, es decir a las 10,45h, sale el último de los tres y de nuevo, lista en mano, la doctora nombra otro individuo. Tampoco soy yo. Le pregunto tímidamente: Disculpe, a M.S. ¿no lo tiene en la lista? La consulta y muy risueña, me responde: Sí, le he llamado y no estaba. Pero si estoy aquí desde hace una hora, me defiendo. No sé si me ha oído o no, el caso es que se mete en la consulta con su nuevo cliente.

Aprovecho para ir al aseo; hasta ahora no me había atrevido. Salgo del aseo. Como la monja María deambulo, pasillo arriba, pasillo abajo. En el ínterin me saluda una empleada; bata blanca sobre ropa de civil. Le respondo al saludo, sin saber muy bien quién es, aunque al rato comienzo a atar cabos.

Me atienden y salgo de la consulta. Quien esperara leer algún detalle sabroso de la misma, siento decepcionarle. Mas, ¿qué hace un buen español, ambientado en Valencia, cuando habiendo salido con un café con leche de casa le tienen una hora de plantón para luego despacharlo en pocos minutos? Nótese que aquí la medida del tiempo tiene otra consideración. Pues ir a almorzar al bar más cercano. El de enfrente; aquí no hay mucho que rascar.

Medio bocadillito de… ¿Y para beber? Un té negro. La camarera, muy profesional, lógicamente no dice nada, pero se le aprecia una chispa en la mirada. Me ofrece una mesa. No se moleste, me instalo en la barra. Voy al rincón de la prensa; lo he bautizado así porque hay dos periódicos; uno en manos de un parroquiano, el otro yace sobre el mostrador. Lo tomo y comienzo a leer la columna de Juanjo Millás. Siempre es interesante lo que cuenta. Me sirven el té. Bueno me sirven una taza sobre un platillo con agua caliente, una cucharilla, un azucarillo y un extraño artilugio. En un sobre. Lo desprecinto y aparece esto.

POLEO-DRACULA-2

—Señora, ¿esto se introduce todo, tal cual en la taza?

—Si señor, cuando lo tenga un rato, presione y lo estruja.

—Ah, muchas gracias.

Mi vecino de barra, es de los almorzadores tradicionales: cervecita, olivitas, bocadillito y deduzco que como colofón, café o carajillo. Me lanza tiernas miradas; al menos yo las interpreto así. Un servidor todavía no tiene conciencia del símil del artefacto. Cuando finalmente lo estrujo, lo saco y lo deposito sobre el platillo, el vecino mira el artilugio y de soslayo a mí; más de una vez; de vez en cuando.

Sólo en ese momento acude a mi mente la evocación del Poleo de Drácula, un chiste de adolescencia que hoy no sería posible relatar. Poleo Drácula o Té Tampax; los tiempos han cambiado.

El bocadillo estaba muy bueno.

El Morocho del Abasto.

YA ESTA AQUÍ.

LE-VINYA ESTA AQUÍ.

 

 

 

 

De pronto, como quien despierta de un letargo, recordé que tenía un libro en el mercado, Cuentos Arquitectónicos, del cual ya no me ocupaba, siguiendo el ejemplo de mi editorial casi desde el principio. Me dejó abandonado a mi suerte y tuve que ir yo solo aireando mi libro.

PAPELERIA-CEVANTES-POSTEGUILL-SALVADOR-WEBVisité de nuevo la Papelería-Librería Cervantes, en el ámbito local, Godella. La nueva propietaria ¿Mercedes? viendo que husmeaba entre los libros, fue la primera en decírmelo: Ya está aquí el Planeta; nos llega en dos días. Después, me anuncié como autor y muy amablemente prometió pedirlo a la distribuidora. Clemen, su antecesora, había liquidado existencias.

LIBRERIA-IZQUIERDO-CUENTOS-ARQDel ámbito local al capitalino. Juan, de la Librería Izquierdo, sigue pidiendo mis libros. Le queda un ejemplar. Está en buena compañía; en el escaparte. Hablando con él, me lo dijo: Ya está aquí el Planeta. Mañana nos llega.

CARLIN-GODELLA-POSTEGUILLO-WEBDe vuelta a casa, no visité Carlín Godella dónde reina Vicente  con el apoyo de Inmaculada; era noche cerrada. Sin embargo, leí su publicación en Facebook: El Premio Planeta 2018, ya está en Carlín. También le quedan algunos ejemplares de mi libro.

BURJASSOT-LLIBRES-2Tampoco visité Burjassot Llibres donde sobrevive refunfuñando Rafa, ajeno al optimismo de Teresa , pero a buen seguro, si no le faltara el ánimo, estaría en condiciones de decir: Ya está aquí… El mío también lo tienen.

LE-BEAUJOLAIS-NOUVEAU-WEBTanto “ya está aquí”, me hizo evocar ese vino francés ya popular en el mundo entero, que no es un gran vino, ni siquiera está especialmente rico, aunque es joven, insultantemente joven, verde, afrutado, travieso y que tan bien han sabido publicitar: Ya está aquí el Beaujolais Nouveau.

PRIX-GONCOURT-WEBConcluiríamos diciendo que noviembre es un mes excepcional, pues aparte de la caída de la hoja que tapiza, de tonos cobrizos, bosques y alamedas, bajo las cuales se ocultan tesoros con forma de champiñones, níscalos, rebollones…, es el mes en que sale a la venta el Premio Planeta. Y en su tercer jueves, el Beaujolais Nouveau. Y por añadidura se lanza el Premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas.

Concluiríamos así, pero la verdadera enseñanza, lo que encierran las líneas precedentes, cual hojas que cubren los tesoros micológicos, es que, en las librerías mencionadas, entre otras, se pueden encontrar dos obras; una grande y otra digna, aunque quizás la primera también sea digna: Yo Julia, de Santiago Posteguillo, querido maestro y Cuentos Arquitectónicos, de un seguro servidor.

El Morocho del Abasto.

Liberty Bar

Liberty Bar                                      Georges Simenon, 1932

 

JAJA-BLANCO-NEGRO-WEBUn Maigret toujours vêtu à la parisienne descend dans le Midi, à Antibes, où tout sent les vacances. Le soleil omniprésent, les gens habillés en blanc et bleu, les raquettes sous le bras, l’odeur sucré des mimosas. Tout est plongé derrière un voile d’irréalité. Néanmoins, un homme a été assassiné… Un homme important, autrefois, alors la consigne c’est la discrétion. Pas d’histoires !

Dans ses va et vient, il rencontre les deux Martinis, mère et fille ; la grosse Jaja qui règne dans le Liberty Bar, la blême Silvie et le malin Joseph. Il y a aussi de fils du décédé, un homme tiré aux quatre épingles. Avec ces acteurs, elle se joue la comédie.

JAJA-COLOR-WEBMaigret a toujours du mal à se prendre au sérieux dans cette ambiance irréelle de pins parasol, de yachts, d’hôtels somptueux, de casinos… Pour revenir à la réalité, il se répète que William Brown a été assassiné.

Mais à Cannes où ses démarches le mènent, il découvre aussi les ruelles minables et la grande trouvaille : le Liberty Bar

Là, le temps n’existe guère, même l’ambition de l’argent. Les clients, rares, sont en famille. Maman Jaja sert à boire et à manger. Cela beurre la conversation.

Précisément, les dialogues, les pensées et les arrière-pensées surmontent et marchent au-delà de l’enquête. Un style sobre dans ce roman, mais plein de petits détails, de nuances, des sous-entendus…

Un Maigret presque tendre, dépassé, débordé, noyé par tout cette mer, tout ce soleil et tout ce grand boulevard qui s’étend de Cannes à Menton.

Liberty Bar, un chef d’œuvre.

 

Manuel de Français