Gran Visir

 GRAN-VISIR-PICARON        Gran Visir.

         En Valencia, su pueblo, que no el mío, se me ha muerto José Vicente Albiac, con quien tanto quería. (*).

         Te fuiste galante, como tú eras, cediéndole el paso al zaguán a tus vecinos, a los que no diste tiempo a sujetarte. Fue tu única descortesía; te desplomaste y ya nada se pudo hacer. Tu desplome quedó en el secreto de los íntimos más cercanos, de tus vecinos, de tu familia…

         Sólo cuando tu viuda; que palabra tan frívola: en verdad tu compañera de todas las navegaciones tuvo el ánimo de comunicarlo a los de la siguiente onda, pues el dolor es como un seísmo, que tiene su epicentro y se va extendiendo en ondas… Pues la onda me llegó veinte días después, mientras caminaba por una de las callejas de tu centro querido. Amparo, me dijo: ¿estás sentado? Y se cortó la comunicación. Al cabo de unos minutos volvíamos a hablar, pero ya no era necesario; ya lo sabía.

         He tardado un tiempo en decidir si escribir para mí y con ello explicarme, acaso para Amparo y dejarlo en una nueva complicidad que nunca tuvimos, pero descifrando el enigma, lo escribo para ti y aunque eras celoso de tu intimidad, tengo el pálpito de que apruebas que lo esparza a los cuatro vientos, como las cenizas de una amistad que tan sólo la muerte ha conseguido cremar. Amigo ausente pero presente, escribo para ti, pero a la vez para que todos puedan leerlo, pues las líneas que siguen no hablan de mi dolor, sino de ti y de la alegría de haberte conocido.

         Ando algún tiempo pensando, quizás unos años, que en los tiempos cibernéticos que corren, el que cruza la línea postrera, aparte de lo que lleva en los bolsillos, cachivaches en los cajones, acaso algún secretillo entre las páginas de un libro, deudas o algún patrimonio suculento; afectos y llantos, deja un mundillo intangible relativamente moderno: Claves de telefonillo portátil, listas de contactos, escritos en alguna carpeta recóndita del computador personal, enlaces y publicaciones en las redes sociales… Queda por tanto, un ordenador mudo y ciego, como una piedra y unas historias inacabadas acaso en Facebook, Twitter u otras redes.

  GRAN-VISIR-MIRANDO-WEB       Tu última publicación en Facebook es del 22 de abril del presente, 2018, en el que una foto muestra un caballo yaciente sobre un adoquinado y un mensaje que reza así: Hola a todos, ¿podéis firmar esta petición? NO MáS COCHES DE CABALLOS EN SEVILLA. Desplegando la noticia se lee que, con alguna frecuencia mueren caballos en las calles de Sevilla de inanición, de fatiga y de exposición al sol mientras transportan turistas. Nunca firmo peticiones, pero he hecho una excepción; no por la causa, sino por ti; es mi pequeño homenaje.

         Sé que te hubiera gustado, pues los animalitos, como decías, te tocaban la fibra sensible, como la naturaleza en general, y el mar en particular, ese mar mediterráneo que aprendiste a amar, acaso cuando empezaste a rondar a tu chica cabañalera. Ese mar y ese puerto de Valencia, que fue joya del Mediterráneo, ahora en retroceso y camino de nada; contenedores impersonales para el turismo masivo… ¿Y la lámina de agua?, te preguntabas y les preguntabas desde la terraza del ático de una prima que daba a lo que fue el puerto. Mientras yo me asome aquí, respondías en un monólogo para todos los congregados, y pueda ver que la lámina de agua no decrece, aún conservo una cierta esperanza.

         ¿Qué causas perdidas andarás ahora a buscar? Nadie se lleva nada; lo intentaron los antiguos egipcios haciéndose enterrar con sus riquezas, pero tú, estoy seguro, te llevaste un bolígrafo, un carboncillo, o más modernamente una Tablet, para perseguir a los arcángeles, a las almas en pena, a los resucitados; a toda fauna celestial o en tránsito que hallares, para pedirles una firma por la salvación de las ballenas celestes, las encinas del purgatorio o los cachorros huerfanitos.

         Activista antitabaco de vocación, fraguada como todo lo que perdura; desde la infancia, cuando cada cajón era un almacén tabaquero, cuando en la Ciudad Luz: Valencia, ríanse de París, la niebla sempiterna en la casa de las cinco de la tarde, niebla de humo de cigarro lo cubría todo. Tus evocaciones de niño lo eran de un señor todopoderoso y todo-fumante que, aun perdiendo dedos por el mal que le minaba, entonaba odas al dios del tabaco para que al menos le conservara dos para sujetar el cigarrillo.

         Evocaciones, hechos que no presencié, pero tu relato minucioso me hacía vivirlos y aún hoy recuerdo, como si a mí me hubiera pasado, la meticulosidad dominguera con la que tu madre, esa dama que te precedió por poco en el viaje postrero, te vistió con zapatos charolados y calcetinitos blancos, como correspondía a un niño bien, para las pruebas de ingreso al colegio religioso por ella pretendido. La primera prueba fue de gimnasia, me dijiste y añadiste: ya me parecía que aquellos niños vestían muy raro.

         Anécdotas que podrían quedar en lo privado, pero ¿no es la obra cumbre de la literatura española y universal, otra cosa que las anécdotas y vicisitudes de dos amigos tan dispares como Sancho y don Quijote? No aspiramos, misión imposible, a la gloria de Cervantes, ni tan siquiera a la Glorieta de Quevedo, pero fuimos Sancho y Quijote; que cada cual haga el reparto, como en aquella tarde ventosa antecámara de tormenta. Tu clienta la Reina del Cabañal, reclamaba como suyos los terrenos ante un inmueble que también pretendía. Allá nos fuimos: los terrenos, en verdad eran todo un frente litoral de costa, de playa de la Malvarrosa. Y como quien no quiere la cosa, Quijote y Sancho, Sancho y Quijote se pusieron, nos pusimos a medir la playa. Jalones, jabalina en nuestro argot, mira telescópica, cinta métrica vencida por el viento… Coreografía de locura, vociferando medidas, el papel que se doblegaba por la fuerza de Eolo, negándose a recibir el apunte de un Sancho alfabeto. Extenuación y júbilo resultante. ¡Mi señor don Quijote, hemos medido la Malvarrosa! Hoy, mi señor don Quijote, mientras esto escribía, busqué entre carpetas vetustas, la anotación imposible, el croquis maltratado, acaso el plano resultante. Afortunadamente, para no sonrojarme de lo naifs que fuimos, el papel no apareció.

         Aquella tarde, tuviste un descuido, se te olvidó que el mar es de todos y de nadie, la playa también, o ¿es que quisiste certificarle a tu clienta la ilusión de que podría acotar la playa? Claro, ella venía de aquellos tiempos en que esto y casi todo era posible.

         Para un piscis como tú, cualquier pretexto para recordarlo era bueno, cefalópodos, lamelibranquios, crustáceos, pescado blanco azul y el rojo salmonete, todo animal marino comestible era bien recibido en tu mesa. ¡Ah, como buen piscis…!, repetías. Un día, continuando en esta clave marinera, recuerdo cuando me contabas tu teoría, una de ellas, filosofía de bon vivant. No quiero empeñarme ni en coche ni en piso, si para ello tengo que renunciar a mi forma de vida. Si por ir apretado tengo que renunciar a la mojama y recurrir a la humilde sardina; no por devoción, pues voluntariamente la sardina es exquisita, pero si es por renuncia no quiero. Por lo tanto, no quiero ni ese coche ni ese piso, que me haga caer en esta renuncia a los placeres cotidianos.

DE-ECONOMIA-WEB         ¿Cuántas cosas quedan por escribir? No hablo de lo pasado, mas de lo que estaba por venir, o así lo creíamos. Y si de escribir hablamos, quedan vacuas aquellas páginas de economía que íbamos a escribir según una forma muy particular de entender el toreo al alimón: Tú las inspirarías y yo las escribiría. Más que como escribano, como un amanuense con opinión.

         ¿Cuantas raciones de puntilla de calamar, amigo piscis, se quedan por ser consumidas mano a mano, tête a tête, como dice el afrancesado que llevo dentro y que a ti tanto te gustaba que sacara a pasear? ¿Cuántos hectólitros de cerveza vamos a perdonar? No puedo tomar ni beber el doble; son censuras propias de cumplir años, pero sí que seguiré haciéndolo por los dos. Allí ´en ese local, donde tú, como entendido, decías que se servía una de las mejores puntillas.

         En Valencia, su pueblo, que ahora también es un poco el mío.

         Desde el Escorial de Godella a 12 de junio de 2018.

         Manuel Salvador Redón

(*)        Los grandes poetas del pasado, esos que el pueblo canta, movidos de su generosidad, permiten que los que no tenemos su talento usemos de sus versos y los adaptemos a nuestros estados de ánimo, a veces transformándolos. Claro, que lo pobres, ¿qué van a decir?

        

LA VERDAD SOBRE EL CASO GÜRTEL. RESOLUCION DEL MISTERIO

 

           LA VERDAD SOBRE EL CASO GÜRTEL. RESOLUCION DEL MISTERIO.

 

Vaya por delante, para ilustrar esta fábula, que Gürtel es palabra alemana y significa: correa, cinturón.

            Érase una vez un hombre llamado Mariano, el nombre es aleatorio; no se piensen otra cosa.

GUrtel-Braun

Lucía un hermoso cinturón marrón, para que no se le cayeran los calzones como le ocurre a la mayoría de los varones. Las mujeres, merced a sus caderas, es otra cosa; pueden portarlos o no.

GURTEL-SCHWARZ

 

           Con el mismo fin, otras veces, lucía uno negro.

            ¿Será que tiene dos cinturones?, se preguntaban admirados los habitantes del lugar.

Una vez, su asistenta dio la clave. Hizo esta fotografía. Se trataba de un único cinturón reversible. Fin del misterio.

          El Morocho del Abasto

GURTEL-ZWEI-FARBEN

 

BURJASSOT LLIBRES.

                BURJASSOT LLIBRES.

MERCADO-BURJASSOT-JORGE-JUAN-web
           

     Cuando casi se acaba Burjassot, lo dice alguien que viene desde Godella, situando nuestra espalda sobre la que fuera puerta del Viejo Mercado de Burjassot a la calle de Jorge Juan, ahora enrejado cerrado, enfrente, se abre la calle del Mestre Ferrando Martín. Ésta, tras transitar unos metros en llano, comienza un descenso casi vertiginoso hasta el emplazamiento de los barracones del mercado actual.

     Dos puntas tiene el camino y  en las dos alguien me aguarda. Suerte tenía el arriero que en Chile le aguardaba una chilena y  de este lado una cuyana. En nuestro caso, del lado alto, queda la tradición, el edificio, el cobertizo; la pequeña joya arquitectónica y del otro lado la nada. Y las viandas. También el Centro de Salud.

BURJASSOT-LLIBRES-3     Un servidor acostumbra ir con su bicicleta modelo comprilla de los sábados, la que lleva una cestilla atada. Al llegar al antiguo Mercado, paradoja curiosa, ya  ha hecho la comprilla. Se deja caer por la pendiente para encontrarse con un viejo amigo que monta mercadito los sábados en el lugar robado al antiguo campo de futbol de La Granja, sino… a buena hora, se le podría localizar por allí.

BURJASSOT-LLIBRES-2     Y al llegar al segundo cruce, en el delirante descenso, hala; sin previo aviso, una librería superviviente. después de 19-20 años en el mismo emplazamiento, me comenta Rafa, su regente. Antes estuvo en otro sitio, compartiendo el uso de papelería.

     La conversación se estableció poco a poco; no fue un flechazo. Le visité varias veces, siempre en sábado. Su hermana Tere añadía una nota de entusiasmo. Llegué a mostrarme pesimista; creí que no lo traería, pero a la cuarta semana, mi libro cuentos Arquitectónicos, llegó.

     El local, sin ser grande es espacioso, bien ventilado e iluminado vuelca a dos calles: a la de Mariana Pineda de la que toma la razón social y a la del mentado Mestre Ferrando Martín. No hay apelotonamiento, luego los volúmenes reposan con dignidad exponiendo sus lomos a las miradas concupiscentes de los eventuales lectores.

     Tras la amplia vidriera, sobre el estante preciso, custodiado entre superventas del momento, agradece con respeto la estimulante  proximidad  de una primera antología en valencià del poeta pastor.

BURJASSOT-LLIBRES-1Sí, mi libro Cuentos Arquitectónicos queda en buena compañía.

El Morocho del Abasto

Regalos Navideños

        Regalos Navideños

 

     EVA-A P-R Y como todos los años, llegó el momento, tras la comida navideña, sobre las cinco y media o seis de la tarde, de repartir los regalos. El paquete que tenía mi nombre rotulado, más que mi nombre, mi ocupación: papá, presentaba forma paralelepípeda que dejaba poco espacio a la duda. Tomado en la mano diestra y sopesado, la duda fingida inicial, desapareció, A ello ayudó notablemente, un pequeño roto que presentaba el envoltorio, justo en un cantito que dejaba ver un atisbo del corte delantero.

     PCH-4 Vaya, un libro; además un libro de otro. Para un autor novel que acaba de sacar su ópera prima, en mi caso Cuentos Arquitectónicos, que todavía está en fase de promoción, puede parecer una ofensa. Pero, justo es reconocerlo; uno no ha llegado a escritor, más que, sobre todas las cosas, a base de leer.  Abierto el envoltorio, un nombre, Eva, dominaba en blanco sobre un fondo negro. Más arriba, en la portada, sobre un picado, término fotográfico, mostrando una pareja; elegante ella, de gabardina él y tocado de sombrero a juego,  se leía: Arturo Pérez-Reverte. El maestro Reverte, me descubro ante él. Sé que no pasa por sus mejores momentos de aceptación; es el precio que hay que pagar pos ser opinador sin tapujos. Se le acusa de haberse radicalizado en la idea de España. Mas ¿qué otra cosa puede hacer? Sus detractores no comprenden, quizás, que a él le duele España. No le duele desde que tiene uso de razón, sino de mucho antes; de los tiempos de don Francisco de Quevedo o antes.

      Llegados a este punto conviene traer los versos de Jaime Gil de  Biedma que cantara y  canta Paco Ibáñez.

Triste historia

De todas las historias de la Historia

la más triste sin duda es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
quisiera terminar con esa historia
de ese país de todos los demonios.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos triste; en otra España,
en donde ya no cuenten los demonios.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que sea el hombre el dueño de su historia.
De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España.

 PIETR-LE-LETON           Bien, el caso es que, sin motivo aparente, una concatenación surrealista e imposible me llevó a pensar en Georges Simenon, el autor de unos ochenta Maigret, centenares de novelas y millares de cuentos. El hombre excesivo, pero que todo lo escribía bien. No se notaba la premura, ni la velocidad con que lo hacía. Sus novelas no estaban contagiadas de ese vértigo, antes al contrario, gozaban de una serenidad, que le otorgaba sus dotes de narrador, su genio para contar historias. Naturalmente, un hombre que escribía con esa facilidad insultante, jamás fue nominado para el Nobel, ni elevado al Olimpo de la Letras.

            Por eso y por “méritos” propios, resulta insultante la concesión del Nobel 2014 a Patrick Modiano. Es frivolidad, mía, lo reconozco juzgarlo tan solo por dos novelas que he leído, una, Barrio Maldito, novela aceptable, con un final fraudulento y otra, llamada novela, una de la trilogía de la ocupación en la que se fundamentaba el premio, La Place de l’Étoile, un escrito delirante que carece de todo elemento del que debiera constar una novela.

            Siguiendo este repaso, poco amable, a los considerados grandes, me repugnó La Metamorfosis de Kafka, me irritó Rayuela de Cortázar, que no conseguí terminar, pero en su favor diré, que desagradándome, de alguna manera me cautivó, pues aún rememoro pasajes que no he olvidado, cosa que no me ocurre con otras novelas más amables. Me hizo bostezar a intervalos 100 años de soledad con la nómina interminable de Aurelianos Buendía.

            Y me pregunto, estos considerados grandes genios, ¿escribían mal? En absoluto, eran maestros del  lenguaje. Por lo tanto, llego a la conclusión de que es la historia que narran, a la que no he sido sensible.

            Si vamos a algunos de los grandes, que sí, que sí me han entusiasmado: Flaubert, con su Madame Bovary; Maupassant con su Bel Ami… Otros, que sin entusiasmar, me han gustado: Alexandre Dumas con sus Tres Mosqueteros, algo menos, Sthendal con su Le Rouge et Le Noir, Camus con su L’Étranger…

            Pero para mí, todos palidecen al lado de Simenon. ¿Será por mi ascendencia plebeya? Por eso, sigo siendo entusiasta de Pérez-Reverte. Veremos, tras la lectura de Eva…

            El Morocho del Abasto

UNE ANNÉE INCONTOURNABLE. Le Règne des C2 de Français.

 

UNE ANNÉE INCONTOURNABLE.  Le Règne des C2 de Français.

AMAYA-CUADRO-COMPLETO-CON-FIRMA-WEBToute ressemblance avec des personnes existantes ou ayant existé est purement fortuite.

Le Règne des C2 de la première averse des C2 de français des Espagnes est prêt à se terminer. D’autres viendront avec leur couronne, plus ou moins préparés ; seulement, ils ne seront pas les premiers. Combien en seront-ils ? Peu importe ! Et en plus, cela a-t-il l’importance, être les premiers ? Ce n’est point une course ! Et enfin, outre que pour la satisfaction personnelle, ça ne sert à rien de pratique.

On ne peut même pas exhiber ce  diplôme ailleurs nos frontières. Et dans les nôtres ? Est-ce que ça sert à quelque chose dire : Moi, j’appartiens au Règne des Francophones espagnoles ?

Personne n’y attache aucune importance. Ni M. Hollande, ni son tout-puissant Ministre Valls n’ont proposé nulle réception…

L’importance donc, est chose de l’intérieur ; affaire de l’âme. Fierté d’appartenir à un groupe réduit. Groupe, si censé de devenir plus nombreux, ces derniers venus, ne feront que s’ajouter au noyau fondateur ; aux pionniers. Par conséquent, cet article n’est qu’un exercice de fierté ; de nombrilisme.

Et cet écrit se termine comme il a commencé : Toute ressemblance avec des personnes existantes ou ayant existé es purement fortuite.

Le Règne en images :


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Mme-Signature-WEB

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MAGIA-WEBINMA-WEBJEROME-AUX-CANARIES-web

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AMAYA-CUADRO-COMPLETO-CON-FIRMA-WEBCOQ-MARTINEZ-color-web
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As Sessenta e nove mais Dez da Língua Portuguesa.

      As Sessenta e nove mais Dez da Língua Portuguesa.

CAPÉU-DE-CHUVA-POR-MANUEL-GEOMETRA

Não peço desculpas porque ainda não ofendi. A primeira impressão de um espanhol  com a língua portuguesa é que é uma língua primitiva. Como quando crianças falamos mal o nosso espanhol. Agora sim, se ofendi peço desculpas. Depois, às vezes, não sempre, mas às vezes descubro uma língua sofisticada, aliás, caprichosa, mas sempre divertida. Posso dizer que gosto de português.

Agora, vou escrever as setenta e nove (sessenta e nove mais dez) pérolas do português do primeiro quadrimestre do primeiro ano. Não é sempre o mais importante, mas o importante também pode estar. É uma seleção muito pessoal.               Pois vamos lá.

 

As Sessenta e nove

1.         O primeiro dia é a segunda-feira. (Não esta mal, não esta?)
Terça-feira, quarta-feira, quinta-feira, sexta-feira. Sábado e domingo.
Não há primeira-feira!

2.         Chamo-me Manuel /sou o Manuel. E o senhor, como se chama? / Como é que se        chama?

3.         Eu vou lá ter. (esp. ya voy)

4.         Eu sou viúvo.

5.         Além disso. (esp. además)

6.         O que gosta de fazer nos tempos livres?

7.         Gostamos de conhecer as pessoas do formoso mondo. (*)

8.         A Revolução dos Cravos. (*)

9.         As minhas desculpas.

10.       Levantar dinheiro. (esp. sacar dentro)

11.       Um lápis, uma lapiseira (esp. un lápiz, un portaminas) (cat. val. un llápis =una                     llapisera)

12        Puxador, puxe, empurre. (esp. maneta/manivela, tire, empuje)

13.       Talheres: faca, garfo, colher (não traduzo).

14.       Uma imperial, duas imperiais, um fino. (O maravilhoso mondo da cerveja)

15        Escovo os dentes com a escova de dente.

16.       Candeeiro (Todo o que faz luz é um candeeiro, economia da língua).

17.       Bom dia faça o favor de dizer.

18.       Melhor fico no aeroporto! (**)

20.       Adeusinho!

21        O que está a fazer? Esta a dormir.

22        Quem não arrisca não petisca. (*) (esp. quien no arriesga no gana) Petiscar (esp.              picar,            tomar picaditas).

23.       Presunto (esp. jamón) (presunto… lo que nos sirven cuando pedimos jamón                       ibérico)

24.       Uma chávena (esp. una taza) um carioca de limão (agua caliente con rodaja de                limón,   me recuerda una aventura de Astérix que algún día contaré)

25.       Queixo, queijo – doce, marmelada (esp. quijada, queso – mermelada, mermelada                 de     membrillo)

26.       Que horas são? São onzehoras. É uma hora.

27.       Magoar-se, magoado, mágoa. (esp. lastimarse, lastimado, dolor/pena del alma).

28.       Ir ter com alguém. (esp. ir al encuentro de alguien).

29 .      Todo (adjetivo / advérbio) Tudo (pronome)

30.       No entanto (esp. sin embargo)

31.       Por volta das oito / dez, sete… (esp. alrededor de las ocho…)

32        Salsa (esp. perejil), Molho (esp. salsa)

33        Ela ressona (esp. ronca)

34.       Animais de estimação (esp. animales de compañía)

35.       Parvoíces dos políticos (não traduzo)

36.       Todos (palavra mágica) (*)

37        À crase, ã til, á acento agudo, â acento circunflexo.

38.       A ementa, a lista.

39.       Isto é canja (esp. es muy fácil)

40.       Ontem, hoje, amanhã

41.       Troco já!

42.       Onde fica o mondo?

Eu fico duas noites no hotel. O hotel fica no bairro alto. O bairro alto fica na cidade.                A  cidade fica no pais. O pais fica no continente. O continente fica no mondo.

43.       Estou a falar.

44.       Combino com os meus amigos.

45.       Lembrar-se ≠ esquecer-se

46.       Quanto é? Quanto custa? Qual é o preço?

47.       O lusco-fusco (esp. ~penumbra)

48.       Eu convido  a Ágata. Eu convido o João. (não à Ágata, não ao João)

50.       quanto tempo que a Sagrario mora em Valência?

51.       Desde quando é que a Sagrario mora em Valência?

52        Pelos quatro cantos do mondo (*)

53.       Arranjas-te rápido? Também te arranjas? Arranjas-te também rápido? (Os                           mistérios do também)

54.       Aos domingos descansamos.

55.       No domingo passado não descansamos.

56.       Às segundas tenho aulas.

57.       Na segunda próxima combino com amigos.

58.       Aos sábados levanto-me tarde.

59.       No sábado próximo vamos fazer mergulhos.

60.       Tenho que cozinhar = Tenho de cozinhar.

61.       Grande – maior enorme /máximo. Pequeno – mais pequeno – mínimo. Bom / boa –                melhor – ótimo. mau / má – pior – péssimo. Fácil – facílimo – ? Difícil – dificílimo – ?               Giro –  giríssimo – ? Muito – melhor / mais – muitíssimo.

62.       Tarde ≠ cedo.

63.       Longe ≠ perto

64.       Curto ≠ comprido

65.       Largo ≠ estreito

66.       Ótimo, bairro, gaivota. (Simpático como quando fomos crianças)

67.       Vou à casa e pego num chapéu de chuva.Vou para casa e deito-me.

68        Saio de casa

69.       Chego ao trabalho.

 

As Dez Pérolas.

70.       Um chapéu de Chuva.

71.       Um  guarda fatos, um armário embutido.

72.       Conosco (esp. con nosotros)

73        Em dinheiro. A dinheiro vivo.

74.       Não faz mal. Desculpe! Se faz favor. Obrigado! Obrigado eu!

75.       Apanhar – ir.

Eu apanho: o autocarro, o comboio, o metro o elétrico a bicicleta, a trotineta…

Todo o que apanho vou:

Vou de carro                mas vou no carro do Rui (***).
Vou de metro               mas vou no metro nº 5.
Vou de bicicleta           mas vou na bicicleta da Mafalda.(***)

Como o pé, eu não posso apanhar, acho eu:

Vou a
Vou a cavalo (Posso apanhar o cavalo?)

76.       Todos os anos. Às vezes

77.       Está calor aqui, não está? Não tens vinte anos, pois não?

78.       Um espanhol acha:

Quase qualquer português tem um escritório e ao interior uma secretária. Então,                 não são tão pobrinhos , pois não? Segundo então: A secretária é pequena, mais                 pequena ou mínima.

79.       Como conheço bem o que tomo de manhã, não tomo um pequeno-almoço; tomo o               pequeno almoço.

Querem mais alguma coisa?

 

Manuel de Portugal.

ALGUNOS AMIGOS PODEMITAS

                                                         ALGUNOS AMIGOSPODEMITAS

 

morado            Después de escrito, este título me recuerda al de la célebre película de Rob Reiner, Algunos Hombres Buenos. Pero no es esa mi evocación. No es que a los que ahora voy a aludir no sean buenos, que lo son y mucho, mas no por pertenecer a la órbita Podemita, es más; a pesar de esta pertenencia. Lo son por su personalidad, por su talante, por sus valores; por ser amigos, aunque estén teñidos de morado.

            No sólo no ocultan su coqueteo con la Obra, sino que no tienen reparo alguno en pregonarlo en la Plaza Mayor; así pues nadie se ofenderá si aquí publico sus gracias: Le Grand Maître y el Gran Visir. Ambos grandes, como pueden deducir.

            Resulta que trataba de quedar con ellos para almorzar y para comer. No el mismo día, ni con los dos a la vez. Por separado. No obstante, esta sencilla frase que abre el párrafo merece alguna aclaración. Almorzar, es el término que usa la gente de calidad, léase fina, para la comida del mediodía, que en nuestra querida Patria, disculpen quería decir país, oscila entre las 13,30 y las 16,00 horas. Así pues, almuerzo para los más delicados y comida para el resto. ¿En todos los sitios? ¡No! En la provincia de Valencia, quizás en toda la comunidad y acaso en el área de influencia de Levante, extensión de territorio a determinar, hacemos las dos cosas. Almorzamos y comemos. El almuerzo se hace a media mañana: entre las 10,00 y las 12,00 y la comida ya se ha dicho. No piensen los no iniciados que los intervalos horarios marcan la duración, aunque podría ocurrir, sino el rango horario dentro del cual se produce cada colación.

            Resulta también que el proyecto de almuerzo era con el Gran Visir y el proyecto de comida con Le Grand Maître. Lo intenté, con ambos para la semana que, como otras, empezaba en lunes y acababa, también como otras, en domingo. Pero este domingo a diferencia de otros, era el Domingo; el de las Elecciones Generales. Ambos me pospusieron el ágape. No le di mayor trascendencia, pues son cosas que pasan. Pero al poco caí en la cuenta, y elucubré, perversión reconocida:”¿ No será que quieren hacer del evento una celebración del Advenimiento del Ungido?”

            Deduje que el aplazamiento sería para primerísimos de semana, pero no: lo volvieron a aplazar.

            No les insisto más, comprendo que estén bajos de moral.

             El Morocho del Abasto

Paco Ibáñez à l’Olympia (de Valencia). Mayo de 2016

Paco Ibáñez à l’Olympia (de Valencia). Mayo de 2016

           

 PACO-IBAÑEZ-À-L'OLYMPIA-(DE-VALENCIA)-0           Los horarios de inspiración europea parece haberse instalado ya a perpetuidad en nuestro globalizado país, incluso en la libertina Valencia tan trasnochadora, según fama. Entrar a las ocho de la tarde en un teatro, con la estación primaveral bien adelantada, en la luminosa ciudad, produce una sensación inquietante, como de no haber concluido el ciclo del día. El fan entregado  transita del sol, aunque oblicuo, siempre poderoso, a la penumbra rojiza sin más transición que la del vestíbulo de entrada.

     “Al menos es un teatro”, razona nuestro corifeo. Hay una tendencia denigrante a programar actuaciones de artistas melódicos en pabellones de deportes y otros locales impropios. Aprobado el local, no quedaba sino comprobar el vaticinio apriorístico. No defraudó: algún exjefe de estudios, viejos estudiantes, el abanderado de la ciudad anfitriona…; reductos de la gauche divine.

(ESTE ARTICULO SE ESTA ESCRIBIENDO, AUNQUE INCONCLUSO, SE HA DECIDIDO DAR ESTE ADELANTO)

TAMBIEN DECIDIMOS RETIRARNOS A DESCANSAR, ACASO TRAS EL REPOSO VUUELVA LA INSPIRACION.

ABDUCTION DANS LE SÉBASTOPOL. (SUITE)

ABDUCTION DANS LE SÉBASTOPOL. (SUITE)

(Deuxième partie, il n’ya jamais deux sans trois)

(Je vous recommande de lire le volet précédant qui se trouve à la suite de celui-ci.)

Boulevard_de_Sebastopo-webIl avança, plutôt attiré par une force étrangère à lui que par celle du rejet qu’il venait de souffrir. Sa démarche avait perdu l’allégresse du début, aussi son esprit. Mais il marchait, même si sa volonté ne s’y attachait guère. Cette force l’achemina vers un bout inconnu. Les promeneurs, hommes seuls, l’adressaient, au passage, un sourire malicieux. Un groupe sinistre d’hommes, l’on dirait se livrant à une mystérieuse industrie, occupait le centre de la chaussée sous la lumière jaunâtre d’un réverbère trémulant. Ils s’écartèrent le minimum nécessaire.

Il eut le sentiment de franchir une sorte de douane où les douaniers l’avaient ouvert un étroit couloir qui se boucla derrière lui. Au-delà, le brouillard  semblait émerger  du sol, des joints du pavé. Les réverbères, ici plus faibles, avaient du mal à le percer. Une ampoule versait sa lumière laiteuse sur le seuil d’une portière… Une braise de cigarette émergea  suivie d’une femme sur des hauts talons en négligée noire. C’était le pays des femmes au seuil.

Elles, obséquieuses l’invitaient, en s’appuyant  sur des gestes impudents, à traverser ce rideau laiteux. L’imaginaire de cette éventualité n’entraînait nulle stimulation; bien au contraire, il exprima un dégout effroyable qui le mena, à les ignorer, de crainte qu’on ne l’eût pris pour un niais. Mais cette succession de sentinelles avait l’air de ne s’achever  jamais…

FILLES-DE-SEBASTOPOL-WEBSoudain l’une d’elles, la plus moche, une créature de cauchemar, une vraie dinde s’installa sur ses deux jambes comme poutres au milieu de la ligne  droite et invisible du promeneur. Il essaya d’éviter la collision fatale, mais la créature fit de son mieux pour la provoquer. Comme le cycliste qui a beau éviter la pierre, il l’atteindra… Sans la regarder, il fit sortir sa main droite de la poche dont elle se réfugiait. Mais lorsqu’une main sans contrôle s’avance d’un maître aveugle, le heurtement   survenu devient imprédictible. Celle-ci atterrît sur une matière molle ; le sein droit  de la femme-obstacle.

—Ah comme monsieur s’y connaît en femmes ! Venez avec moi mon chou, je vous ferai la connaissance de mon autre joli sein.

Et en disant ça, elle le prît du bras et l’entrainait vers un cabaret borgne.

Une répugnance extrême le fit tressaillir, mais il eut du mal à se délivrer de la pression des griffes noircies de la matrone. Finalement, il parvint à s’échapper, suivi des injures, l’on dirait de criailles de paon. Il n’avait fait que dix pas, lorsqu’un type à l’allure d’un maquereau rouge, telle était la couleur du complet serré dont il s’habillât, émergea soudain, comme par sorcellerie, et l’invita à une halte.

—Monsieur, ne soyez pas si pressé, fit le maquereau, je vous en prie.

Le promeneur s’arrêta étourdi; plus étonné de la couleur de son habit que de l’ordre reçue.

—Monsieur, continua le maquereau, ce n’est pas élégant chez un honnête homme comme vous, toucher la marchandise et prendre la fuite.

Puis il sortit un petit calepin et un crayon dont il suça le bout.

—Voyons, la maison a ses règles et ses tarifs. Un attouchement…

Tandis l’honnête homme demeurait attentif au bottines dont le singulier personnage se chaussait.

—Voici, comme je vous disais, un attouchement ça fait 40 Euros.

« Elles sont vraiment jolies ces bottines. Et merveilleusement bien cirées », pensa le promeneur.

—Mais 10 Euros de plus et vous pouvez avoir le service complet, monsieur. C’est l’offre du jour.

Le récepteur continua d’admirer les bottines. Il eut même la tentation, une petite perversion, de mettre sa semelle sur elles. «Quel sera ce cirage»?, pensa-t-il.

—Allez donc monsieur  parlez, fit le maquereau.

—Bon c’est un peu cher, mon brave-homme, mais faut-il reconnaître qu’elles sont merveilleuses…

—Je m’en doutais, Scieur, tout de suite je vous ai pris pour un connaisseur.

Comme le promeneur ne faisait le moindre semblant de tirer son portefeuille, le maquereau eut l’obligeance de continuer sa causerie.

—En plus, mon cher monsieur, voyez- vous comme elle pleure ; elle est délicate cette fille…

En effet, la matrone faisait des hoquets pour corroborer les mots de son maitre, deux brigands faisaient l’escorte de celui-ci et notre promeneur arrêté, tout simplement, admirait encore la lueur des bottines qui émergeaient  des jambes de son pantalon vermeil.

Ébloui toujours, comme il vit que le parleur écrivait quelques mots dans son calepin, l’homme qui n’avait point entendu les paroles, mais la musique, tira son portefeuille et découvrit un billet de banque tout à fait nouveau, comme récent sortie de l’imprimerie.

—Votre feuille du calepin, d’abord s’il vous plaît, fit le promeneur.

Étonné de cette demande, le proxénète fit semblant de refuser, mais il appartenait  à ce genre qui se résume comme il suit: billet de banque que je vois, billet convoité. Les brigands se mirent en alerte de crainte d’une mauvaise plaisanterie. Mais le maquereau rouge les soulagea d’un geste, arracha la feuille de son calepin et puis au promeneur:

—Voilà votre feuille, mon maître.

Le maître interpellé prit la feuille, l’empocha et en équitable échange, il offrit un billet de cinquante Euros. Puis il se souvint d’un chiffre: 40 Euros.

—Pour vous la monnaie, mon brave homme.

En disant cela il fit demi-tour.

Comme la stupidité, parfois, provoque l’hilarité, tous les quatre: la vielle fille, le maquereau et les brigands éclatèrent de rire.

Ce demi-tour fut le début d’une rébellion intérieure, encore faible, contre cette puissance qui l’avait plongé dans ce milieu. Cette transition fut rompue par une voix claire mais implorante.

—Monsieur, arrêtez vous!

“Une nouvelle demande d’arrêt, pardi”, pensa l’homme.

Le spectacle d’effraya: Une fille fraîche, forte de charpente et de poitrine, courait après lui. Plus étonnant: ses deux seins dans ses mains, elle les offrait.

—Monsieur, suivit la fille, je ne suis point comme celle vieille casserole; venez, touchez! si telle est votre plaisir.

Les yeux épouvantés de l’homme voyageaient de l’exubérance offerte au visage de la jeune femme.

—Ah non, mon Dieu, arrache-moi les yeux…

 (À suivre)

Manuel de Français