EN TORNO AL PADRE TOSCA, EL CAPELLà DE LES RALLETES Y A SUS CALLES; LAS DEL PADRE TOSCA

          EN TORNO AL PADRE TOSCA, EL CAPELLà DE LES RALLETES Y A SUS                CALLES; LAS DEL PADRE TOSCA.

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       Tomás Vicente Tosca, más conocido como el Padre Tosca, nació a mediados del siglo XVII en la actual calle de Serranos de Valencia, cuya casa, con todas las transformaciones que se le suponen al paso del tiempo, existe en la actualidad. En su fachada figuran dos números de policía: el 27 y el 29. Fue clérigo oratoriano, no sabemos si por verdadera fe, por tener acceso al conocimiento, por disponer de un medio de ganarse la vida, o por las tres a la vez, pues todas suman y ninguna es incompatible con las otras. Su aportación máxima a la Valencia de su tiempo y aun a las generaciones futuras, fue su plano Valentia Edetanorum, vulgo del Cid; el plano de la ciudad de Valencia de 1704, que se creyó, durante siglos, el primero de Valencia, 0-VALENCA-DE-MANCELI-WEBhasta que apareció, como siempre se cuentan estas cosas, en algún cajón, otro de casi 100 años más de antigüedad,el plano de Antonio Mancelli, 1608.

A la izquierda, el referido plano de Mancelli.

     

     

        1. El Plano.

     El ángulo recto es esquivo. Prácticamente no existe en la naturaleza en estado salvaje o primitivo, al menos eso creo. Pero se le busca y existe una fijación con él. En no pocos planos de situación, con fines comerciales, para ubicar un determinado establecimiento, se dibuja una cuadrícula de calles idealizada de un callejero irreal.

      Imaginen una ciudad así trazada, al modo del ensanche barcelonés, lo fácil que sería, incluso con los rudimentos de la época, para un iniciado, hacer el levantamiento de planos de una ciudad. Pero claro, una ciudad así ha sido previamente planificada y delineada, antes de construida.

       Una ciudad de fundación romana, con siglos de permanencia musulmana después, reconquistada para la cristiandad y amurallada, es una superposición de sensibilidades y un caos absoluto, hablando en términos geométricos.

       Veo un hombre de edad provecta, pues un quincuagenario, en la época, así lo sería, rascando de sus sandalias las suelas, cada vez más finas, por las callejas de su ciudad, Valencia, con una vareta en la mano. Una y otra vez, avanzando y retrocediendo, volviendo al punto de partida; esbozar, croquizar, dibujar… Ésta sería, a buen seguro, la Vara Valenciana, equivalente a 3 pies geométricos valencianos, equivalente a 4 palmos también valencianos y a 0,906m. Siempre causan inquietud los hombres que andan midiendo por las calles, fachadas, más si es la propia; esto no ha cambiado. Primero inquietud, después curiosidad. Eso durante tres años. Seguramente, la túnica sagrada, el ropón de frailón arrugado y manchado por las genuflexiones propias de la actividad de toma de datos que, el medidor se ve obligado a ejecutar, en aquellas calles de “agua va”, le franquearía puertas. No se escaparía, podemos aventurar, a la consideración de chifladura su empeño.

        Hemos asumido al principio de esta disertación, el sambenito, malnom, en lengua vernácula de El Capellà de les Ralletes, pero bien pudiera haber sido El Capellà de la Vareta, otra de las versiones que circula. Cuando evocamos un gran hombre de ciencia o de arte del pasado, tendemos a imaginarlo como un esfuerzo unipersonal, sin pensar que una gran gesta precisa de colaboradores, cuyo buen oficio, y el resultado obtenido, son las muestras que han quedado para la posteridad, sin embargo, es el nombre del gran hombre, del director de equipo el único que se conoce. En el caso del Padre Tosca, sin embargo, sí que veo un trabajo unipersonal. Pudo tener colaboradores, para ayudarle a medir, pero el plano manuscrito, a falta de un examen profundo, tiene una sola mano: la del delineante Tosca.

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      El plano original manuscrito del Padre Tosca se conserva, recientemente restaurado (1999), en una sala del Museo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Valencia, tras un cristal, que entendemos de seguridad y con una luz muriente, de conservación, que dificulta un examen minucioso y hace imposible fotografiarlo adecuadamente debido a los reflejos sobre el cristal. Tiene unas dimensiones generosas 285 x 210 cm. (b x h). Su escala gráfica está expresada en dos reglas:  una en palmos valencianos de 0 a 1000 y otra en pies geométricos valencianos de 0 a 750.

         Contemplarlo emociona al estudioso y aún emocionaría más si se pudiera hacer con luz adecuada. Se observa toda la trama urbana contenida dentro de la muralla de la época y aún las huertas, jardines y edificios religiosos próximos extramuros. Los edificios que pueblan las manzanas, están dibujados con una cierta perspectiva caballera, licencia made in Padre Tosca, pues supedita la ortodoxia de la perspectiva a la trama viaria, para que esta se vea limpia, como en una proyección ortogonal. No es un mero relleno de edificios estandarizados, antes bien; están dibujados con el suficiente detalle, para ser identificados, desde las moradas humildes hasta los edificios principales. Aun así, se trata de un plano eminentemente técnico con un trazo muy fino, incluso tenue, que no persigue más efecto estético que la corrección. Está coloreado con tonos apagados algo deslavazados.

   VALENTIA-EDETANORUM-1704-1-2-WEB      El grabador virtuoso Joseph Fortea, aragonés, realizó 4 planchas para el grabado del dibujo de Tosca, que en su conjunto dan la dimensión de 1,40 x 0,92m. (b x h).  Por lo tanto, mucho menor en tamaño que el original, lo que nos lleva a la inquietante pregunta de: ¿cómo consiguió hacer esa reducción de escala? El adjetivo virtuoso no lo acordamos por la primera impresión que nos sacude, sino tras un examen comparativo. Habitualmente, los grabados tendían a la simplificación, más aun en casos de un dibujo tan complejo y lleno de matices como el que nos ocupa. Aquí no existe simplificación alguna, antes al contrario, se incrementa el detalle, se consigue un trazo más rotundo, con las líneas más contrastadas… Diríamos que es el plano de Tosca enriquecido. En el grabado figura la fecha de 1705, pero algunos autores, entre ellos el doctor arquitecto don Francisco Taberner Pastor, lo datan mucho más tarde en 1738. El argumento se fundamenta, entre otras consideraciones, en la nómina de edificios reseñados por Fortea, 105, frente a los 101 del original de Tosca. Es un plano más adecuado para el estudio, que mantiene el rigor en lo geométrico, pero que hace concesiones a lo estético para conseguir una bella lámina. Prueba de ello, son las dos cartelas barrocas en la parte izquierda del plano que eclipsan las originales de Tosca. Acoger tan fervientemente el plano del grabador no nos aparta de lo principal: sigue siendo un Tosca; el Tosca de Fortea.

     Conviene aclarar, para evitar equívocos, que el plano de Tosca que más comúnmente se conoce y el que ha tenido mayor difusión en reproducciones y documentos digitales, es el del grabado de Fortea.

        La figura de Tomás Vicente Tosca, entendemos que no ha sido suficientemente valorada ni reivindicada. Sin embargo, ha sido objeto de no pocas reseñas y algunas publicaciones. Entre los escritos que su figura y obra ha suscitado, aparte de clérigo, se le ha considerado: matemático eminente, arquitecto, filósofo, teólogo, entre otras cosas.

       Sin embargo, en su aportación máxima a la ciudad de Valencia, sus dotes más evidentes de delineante minucioso y preciso, nunca han sido destacadas. Esta aseveración merece una aclaración añadida. En muchos escritos se recoge la realidad de que su plano de la ciudad de Valencia es un plano delineado. Conviene recordar que entre las profesiones y dedicaciones a él atribuidas y que, alguna vinculación pudieran tener con la confección del famoso plano, a saber: matemático, arquitecto, ingeniero… ninguna de ellas tiene sustantivo y verbo con la misma raíz, sin embargo, el delineante delinea.

       Por todo ello, reforzado por su valor semántico, nuestro estudio quiere servir como germen para una reivindicación que a quién corresponda, se sienta motivado y legitimado para ello, podría quizás admitir a trámite: la consideración del padre Porta, sin renunciar a otras atribuciones, delineante. Tomás Vicente Tosca, delineante, en el año de 1704 terminó de delinear su plano, Valentia Edetanorum, vulgo del Cid.

       2. Las Calles del Padre Tosca.

       Prueba de la escasa consideración general en que se tenía al Padre Tosca, es que, durante años, desde 1875 hasta principios de este tercer milenio, la calle a él dedicada fue apenas una calleja o callizo en el antiguo barrio de Moret, que debía su nombre a que fue arrancado de la antigua Huerta de Moret. De aquella huerta, naturalmente no queda nada y la calleja en cuestión se hallaba en el lado par de la Gran Vía Fernando el Católico entre las calles Espinosa y Maestro Palau. Cuando se urbanizó la zona de Fernando el Católico y se edificó la manzana descrita, la calle en cuestión fue, por una parte, cortada por la Gran Vía y por el otro extremo cortada, convirtiéndose en un cul de sac, impasse o atzucac, en lengua valenciana, las tres son buenas para referirse a un callejón sin salida.LAS-CALLES-DEL-PADRE-TOSCA-1_1-ANTIGUA-CALLE-TOSCA-WEB

Así siguió algunos años, hasta que se construyó un nuevo edificio, tapando y anulándolo.ANTIGUA-TOSCA-WEB

Esta evolución urbanística fue la que empujó al Padre Tosca de aquel espacio impropio, fuera de la ciudad amurallada que, con tanto mimo delineó para sus conciudadanos y para la eternidad.

La imagen de la derecha muestra el edificio que tapó definitivamente la antigua calle del Padre Tosca.

         Sobre el año 2002, según Luis Fernández, conductor del programa Callejeando de Radio Valencia y cito textualmente: “se hizo patente el clamor de eruditos y estudiosos de nuestra historia que llevaban reclamando para tamaño personaje una calle más digna”. Así Viriato, el de “Roma no paga a los traidores” fue desplazado de su calle, para ser ocupada por el Padre Tosca, lo cual tiene sentido, pues, aunque estrecha, va desde la calle Serranos, justo en la esquina de su casa natalicia, hasta la calle Palomino.

LAS-CALLES-DEL-PADRE-TOSCA-1_2-ACTUAL-CALLE-TOSCA-WEB

  Sobre estas líneas hemos hecho la travesura de grafíar  el nombre de la actual Calle del Padre Tosca sobre su propio plano en versión del grabado de Fortea.

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El erudito, volvía a sus orígenes, donde, curiosamente, nos referimos en la fachada de su casa natalicia, le esperaba una placa desde 1875, que recordaba el lugar de su nacimiento.

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A la derecha de estas líneas, la bicicleta del autor de este artículo, apoyada en la fachada de la casa natalicia del delineante Tosca.

A la izquierda  de estas líneas,, se abre paso la calle rotulada en la actualidad del Pare Tosca, que bordea su casa natalicia, en la esquina con la calle de Serranos. Hasta hace pocos años, era la calle de Viriato.

A la derecha, la trasera de la casa natalicia del Padre Tosca, en la calle que ahora lleva su nombre.

Abajo, la placa que certifica el nacimiento del erudito valenciano en dicha casa. 

En la placa, se le destaca como matemático insigne. Nos parece de justicia y de buen tino que, en algún lugar se destacara su condición de delineante minucioso y preciso.

         Manuel Geómetra.

        Manuel Salvador Redón.

En el siguiente enlace, encontrará un monográfico sobre el Plano de Valencia del Padre Tosca:

http://blog.msal-delinea.com/valentia-edetanorum-vulgo-del-cid-delineata-a-dre-thoma-vincentio-tosca-el-capella-de-les-ralletes-estudio-geometrico-sobre-el-plano-del-padre-tosca-por-manuel-salvador-redon-delineante-geometra/

Agujeros Negros. (Continuación del Gran Vacío).

             Agujeros Negros. (Continuación del Gran Vacío).

   ROTO-1         Continuamos con el asunto de los bancos de las estaciones de Metrovalencia, en particular la de Ángel Guimerá. El tema ha tenido cierto eco, leído por algo más de 200 personas que, en mi caso, para ser bajito y de Teruel, no está nada mal.

Lo hemos titulado Agujeros Negros, continuación del Gran Vacío, pero para los que no gustan de la metáfora y prefieren llamar al pan, pan y al vino, vino, les dedico este tercer titular: Los No Bancos,

(Continúa pinchando aquí)

 

El gran vacio, le grand vide, el gran buit, o grande vazio.

El gran vacio, le grand vide, el gran buit, o grande vazio.

    EL-GRAN-VACIO        No es ocioso el título que encabeza este escrito, ni es presunción exponerlo en esas cuatro lenguas queridas, practicadas y muchas veces leídas en los bancos de la estación de Ángel Guimerá. Ah, qué tiempos aquellos los de una juventud no tan lejana; os evoco no por la juventud cuasi perdida, sino porque había bancos donde sentarse a la espera de los convoyes.

            Alguien dirá: pero caballero, quedan bancos. Veamos, en mi familia, hace veinticinco años éramos 8 primos de veinticinco años cada uno. Nos llamaban los ocho jóvenes. Lamentablemente 4 murieron en acto de servicio. Hoy en día a nadie se le ocurriría decir: Quedáis 4 jóvenes. Pues eso.

            El metro de Valencia es un servicio moderno y pese a las críticas no es ni el más caro ni el peor de España. A mí me gusta y a muchos nos gusta. Más que el resto de los de España. Pero eso no es mérito de los gestores. Sencillamente es más nuevo y más ligero; es más fácil, pues Valencia, aunque muchos de los recién llegados se empeñen, no es todavía una ciudad caótica.

            Para muchos, los que nos movemos de los pueblos a la ciudad y tornamos por la noche con nuestra derrota, también con nuestros pequeños triunfos, el metro es más que un transporte. Forma parte de nuestro estilo de vida. Nos permite a los de los pueblos de l’Horta, prácticamente el agro moderno, pasar en pocas estaciones y escasos minutos de lo rural a lo urbano. En el transporte urbano, los pasajeros somos, permítaseme la comparación como los simios en el zoo. Cada uno busca su rueda. Si hay ruedas para todos, los simios sonríen, están tranquilos, divertidos. Si no, es la guerra por la rueda.

            Del mismo modo. En aquellos tiempos en que había bancos sólidos, de diseño funcional, bien ideados, sin patas para poder barrer por debajo, económicos, pues el respaldo era la propia pared, cada pasajero tenía su sitio. Los que no podían o no querían sentarse, tenían sitio junto a la pared, de preferencia en los intervalos en los que no hay carteles. La rueda del simio, para el pasajero en bipedestación es apoyar la espalda contra la pared. Del mismo modo que dentro del convoy es barra donde asirse.

            No habiendo bancos, no hay pared suficiente para acoger las espaldas de los pacientes usuarios y no hay nada más triste que un andén repleto de penitentes fatigados ocupando todo el ancho dificultando la circulación de nuevos viajeros. Las piernas, debido a la bipedestación exenta, tienden al calambre. Las bolsas, equipaje de mano, no se pueden apoyar en el suelo más que entorpeciendo al resto. Se forma el caos, peligra la civilización…

            Sólo los adictos al whatsapp, que somos la mayoría, pueden manejar estas maquinitas merced a la pericia con una mano por las muchas horas de práctica. Tienen, tenemos ese consuelo.

           Pero, el gran servicio que ofrecían las estaciones de metro a la cultura era inmenso. Cada una de ellas se convertía por minutos dentro de la biografía de cada viajero-lector en bibliotecas improvisadas y bien iluminadas. Cuando nos podíamos sentar o aún apoyar espalda y maletín contra la pared, emergían libros, apuntes; algún autor como el que suscribe se permitía amenizar la espera corrigiendo pruebas, escribiendo el arranque de algún capítulo o el artículo que publicar al día siguiente.

           Llegaron las fallas de 2018. Los bancos supervivientes, que era como decir los primos supervivientes de mi familia, fueron retirados. No sabíamos por qué. Pero algunos bien pensantes que, señores gestores del ferrocarril, también los hay entre los viajeros, pensaron: ya está, por fin van a renovar los bancos. Las suscripciones a las revistas se dispararon, los autores vendíamos libros; la locura…

         Pasaron las fallas, llegó la pascua, que como saben este año venía muy próxima y por fin, aunque tristemente, recolocaron los viejos bancos supervivientes que ya no admitían una correcta reinstalación: se convirtieron en tablas inclinadas donde los culos resbalaban y todos los de cada una nos mirábamos cual náufragos agarrados a una tabla de surf, esperando la ola fatal.

       Un banco, parece que fue retirado, otro precintado. Pero el culo del viajero tiene vocación sedente y hoy sobre cinco o seis parejas de glúteos habían violado el precinto y sobre él se sentaban, desafiantes y orgullosos de haber conquistado la última tabla.

        Señores gestores, es un clamor. Instalen bancos nuevos, en número igual a los que hubo en origen. No ofrezcan el triste espectáculo de las paredes con orificios de los tacos que sustentaban los viejos, con azulejos desportillados.

       ¿Cuándo podré de nuevo disfrutar de la lectura de Pérez Reverte, deleitarme con el Comisario Maigret, evocar el pasado con alguna Rondalla traviesa de Enric Valor o padecer los conflictos y turbaciones a los que me somete Saramago?

       Sin opción a la lectura ferroviaria, somos todos viajeros legos.

       El Viajero Errante

 

La Parra, encontre de cultures

La Parra, encontre de cultures

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Pareix ser que tots els veïns de tot arreu: d’Espanya, de Tabarnia, de la Catalunya Separatista…, estan, estem contaminats pel síndrome: Villatripas de Arriba, Villatripas de Abajo. I a l’Horta Nord, on el metro, antic trenet, es resisteix, gràcies a la crisi a fer-se soterrar, perquè es vocació seua ser aeri i recórrer i ser testimoni… De que les ratlles que separen els terminis son virtuals, administratives o de mala idea. Puix bé, eixa bel·ligerància antiga entre Burjassot i Godella, trobem que va diluint-se. Però als anys huitanta pareix ser que era més manifesta.

Tot allò dit, hi havia una zona franca, un lloc amable on el diàleg brotava espontani entre taules veïnes. Perquè malgrat la OMS, la ingesta en bona companyia de destil·lats diversos, macerats de maltes i fermentats del raïm, te efectes secundaris prou interessants; greixen la conversa

El lloc dit La Parra, evolució d’una alqueria de segles passats, és actualment i des de fa la tira, la primera casa del nucli urbà de Godella entrant des de l’horta pel Camí Vell de Godella. I des dels anys 80, bar-terrassa i ara, sense dubte, espai gastronòmic prou interessant tot l’any.

En aquells temps inicials i iniciàtics, el mestissatge urbà era possible i allò, en veritat sí que era un vertader encreuament de cultures. A banda de la gent del poble, perquè es important fidelitzar-les, era freqüentada pels moderns de Campo Olivar, alguns progres de Valencia i en el que ens interessa en este estudi, alguns aventurers de Burjassot. D’esta ciutat que un dia fou poble, acudien fonamentalment dos grups: Un, els intel·lectuals, gauche divine; desprès he aprés que alguns d’ells, son d’una certa dreta il·lustrada. Dos, un grup inclassificable, més poble, diríem més aspre.

Els productes estrela eren: la Voll Damm, cervesa de dia, copa de nit; el whisky Ballentines, també dit “Balencianes” i el cubata de Bacardi que invariablement havia de esser de cocacola, marca Coca Cola.

Aquesta elecció de marques, deduïm que més que una estricta opció de gustos, eren senyes de identitat; signes externs d’una certa pertinença a un grup determinat.

De aquelles trobades, perquè trobades foren, eixí algun matrimoni i amistats intermitents i fidels, més que per la freqüència, per la forta lligació que el temps no ha aconseguit desenllaçar.

Fruit d’aquella cohabitació en el passat i de fortuïts i nous encontres en el present, s’ha gestat l’esdeveniment literari que ara presentem. Un escriptor assimilat godellenc a més de valencià de Teruel, de la mà d’una associació cultural de Burjassot presentaran en comú el llibre del primer, Cuentos Arquitectónicos a la Casa de Cultura de Burjassot el proper dijous 26 d’abril de 2018 a les 19,30h..

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Us esperem. Gent d’aquell temps i d’aquests; gent de les dues vores.

 

Joan Perfavor

 

CARLIN-GODELLA, LA DE VICENTE ALIAGA

           

                CARLIN-GODELLA, LA DE VICENTE ALIAGA

CARLIN-3            Cuando se traspasa la puerta vítrea, de apertura automática e hipersensible, lo mejor de todo es que Carlin se queda en el letrero de fuera y se entra en el universo Vicente Aliaga. Los productos son marca del de fuera, pero el trato y la atención son del de dentro.

         En ese interior, Vicente organiza, repone, atiende, hace fotocopias, imprime, formula pedidos, acepta reservas y sin dejar de hacer CARLIN-2todo eso, da conversación a los clientes. Pues ésta es una de las servidumbres de los pueblos; atender las cuitas de los parroquianos.

            En relación al asunto que inspira este artículo, diré que Vicente no es un librero puro, como este escribidor no es un godellense puro. Este mestizaje tiene sus ventajas. Tuve la osadía de ofrecerle en venta un ejemplar de mi libro, Cuentos Arquitectónicos, cuestión que no hubiera procedido con un librero puro. Muy amablemente, me lo compró.

          Continué frecuentando su establecimiento, pues para cada presentación de libro, ya van tres, acudía a imprimir las pruebas para los carteles anunciadores. A veces le acompañaba Inmaculada que se interesaba por la marcha de mi libro. Agradecía, mas no supe ver en ello, el interés de una lectora en ciernes. Los creadores, a veces somos así; centrados en lo nuestro no somos sensibles a lo que nos rodea.

     En una de estas visitas, aceptó el reto de pedir el libro a la distribuidora, cumpliéndose así mi anhelo de tenerlo en situación de proximidad, para mis eventuales lectores y convecinos. Fue un modesto puente para que el comercio local del sector, pudiera ofrecer lo que ya estaban ofreciendo las librerías de la capital.

 CARLIN-1       Tardó algún tiempo en ser servido, por misterios insondables de la distribución, mas finalmente llegó. Fui a visitar a la criatura y  me sorprendió un espacio dedicado a libros mayor del que me esperaba. Entre volúmenes de distinta hechura, en íntima vecindad de Santiago Posteguillo y en proximidad de un tal Javier Sierra que me persigue allá donde voy. Lo mejor de todo es que vino con un pan bajo el brazo, léase un pedido. Y es que Vicente tiene clientas incondicionales. Y ese es mi honor añadido: su clienta será mi lectora.

            No se me ocurre otro final mejor que el de Casablanca: Presiento que este es el principio de una gran amistad.

           El Morocho del Abasto

BURJASSOT-GODELLA Viaje Sentimental en el Presente Evocando el Pasado.

                                                BURJASSOT-GODELLA
PLANO-GUIA-1-5000-webViaje Sentimental en el Presente Evocando el Pasado.

            De entre todas las definiciones posibles, etiquetas que a uno le ponen, cuando, tras el campamento, me incorporé a mi destino en el servicio militar. Preguntado sobre mi origen, ¿de dónde venía, de dónde era?, se me ocurrió la respuesta: valenciano de Teruel. El interlocutor, aragonés de pro, esperaba, hallándonos ambos en tierra extraña, una reafirmación de mi nacimiento. Mas no y lo que en aquel tiempo no fue más que una afirmación ocurrente, ganas de ser original; ha ido instalándose y estovando mi ánimo. Un servidor se considera orillero: no es del norte ni del sur y de los dos a la vez. Es español y razonablemente europeo y americano por la lengua común. Hay otra América; la del Norte.

            Atendiendo a mi parte valenciana, habiendo morado en Godella, Burjassot y de nuevo en Godella, se me ocurrió, como postura estética definirme godellense, por aquello de que mantenía pura la identidad de pueblo, frente a un Burjassot más transformado. Pero las posturas estéticas ceden ante el sentimiento íntimo. Así éste, el orillerismo, reclamó su protagonismo, copiando la etiqueta de la estación del trenet del mismo nombre: Burjassot-Godella.

  1. A.   Godella

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              Este escribidor, asentado en Godella, se asoma a la puerta de casa y su visual se recrea, a izquierda y derecha con las casas, no es exagerado decir solariegas, de la calle Mayor, algunas pequeños palacetes, verdadera milla de oro de la arquitectura local. Casi enfrente, sobre una plataforma elevada, el Ayuntamiento y al fondo de la misma, la Iglesia de San Bartolomé, perturban recordando la condición vulnerable del administrado; la inmediatez del castigo terrenal y la eventualidad del divino. Ya  que estoy en la puerta, sin decírselo a mis conciudadanos, no sea que algún exaltado quisiera afearme la conducta, me dirijo hacia Burjassot.

            Remonto la callejuela, prolongación de la rotulada, Músico José Caballer, que en los días de gota fría se convierte en un torrente de aguas bravas y me cruzo con una vecina. Ésta viene con su carrito de la compra, del otro pueblo, hacia el que me dirijo. Me lanza una mirada cómplice con su buenos días. Se me ocurre una similitud, quizás nada ajustada, entre la Rive Gauche y la Rive Droite de París. Así la Rive Gauche, Godella, sería la orilla de los colegios, de los cafés y de los restaurantes, a los que acuden o acudían los más progres  de la otra orilla y la Rive Droite, Burjassot, la del comercio a la que acudían los de Godella cuando nadie los veía. Esto no deja de ser una simplificación, pero es una pequeña perversión que ameniza mi camino.

  HOJA-1-WEB          1. Llego a la esquina con Salvador Giner. Allí un exquisito peluquero de pueblo, el Rafelo,  se esmeraba con las cabezas de su clientela. Le sobreviven dos hijas fumadoras.

            2. Alcanzo la intersección con Tenor Alonso, donde se asentaba la bodega-vivienda Pedralbino. Me paro y evoco la sensación de calor y bienestar que iniciáticas libaciones de vinos abocados a razón de 3 o de 5 pesetas, según los centilitros, provocaba en jóvenes estudiantes, cuando el vino formaba parte de la dieta y no estaba demonizado, ni se pedía carnet para su degustación. De esta institución de servicio permanente, se cayó el uso de bodega, para ser ahora una discreta vivienda.

            3. Godella tiene algo de colinas de San Francisco, otra asociación que se me ocurre en mi remontada. Arribo ante lo que fue una zapatería. Del balcón del piso colgaba un zapato inmenso, que el niño que fui asociaba con los habitantes del País de los Gigantes de Gulliver. Con mi hermano acudí, antes de la muerte del dictador, a comprarme una Chirucas, a la sazón botas de suela de goma gruesa y cuerpo de loneta; eran las del montañero pobre. Le propuse una carrera y siendo él menor, tanto me pesaban los pies que me ganó.

            4. La que fue Papelería Salas. El señor Salas, hombre que con el paso del tiempo definí como librepensador, regentaba siempre con un guardapolvo azul; así lo recuerdo. Y los tinterillos Pelikan, cuya tinta olía como sólo olía la Pelikan, combustible para las ideas y los sueños.

            5. Llegamos y aquí hemos coronado la colina, al Carrer Ample, que emergiendo de la angostura, se entiende acertado el nombre. En la esquina derecha, según se asciende, una moderna construcción ha borrado incluso, casi del recuerdo, lo que fuera el negocio de los padres de Apa, el cantor de Estil valencià con florituras flamencas acaso mamadas de su madre andaluza. El último uso que recuerdo del negocio fue el de sellado de quinielas y apuestas.

            6. Contigua, la que fuera Peluquería Francés, que todo el mundo conocía como Ca Agustinet. Agustín Francés, Agustinet, que de joven fue púgil, estaba especialmente dotado para la oratoria, sin que por ello las tijeras dejaran de hablar. Con memorables pausas, por supuesto. Le ha sucedido su hija Pilar de notables condiciones para el oficio.

            7. Atisbamos, sin acercarnos, en la acera opuesta del Carrer Ample, la carpintería Durà, donde acudía para transformar en madera mis primeros diseños.

            8. Cruzamos esta vía ancha y todavía por la Calle del Músico Caballer, que sigue teniendo estrechura de callejón, en la esquina con la del Pintor Pinazo, encontramos la que fue Papelería Pinazo, después Librería Pinazo y ahora local desolado por cierre. Una librería que se cierra es una pérdida que asociamos a la de un ser querido.

            8bis. Tras unos metros y en la acera de la derecha aun creo ver al señor Trenco, titular de la droguería de igual nombre, sirviéndome por incolora, una crema de calzado blanca. Nunca tuve unos zapatos de ese color, por eso aún la conservo.

            Llegamos a la calle Divisoria, otro nombre bien acertado. Una vía que separa los dos términos. En realidad, recibe ese nombre en la acera de Burjassot, mientras que en la de Godella se llama Pirotecnia Caballer. Si la tomamos hacia la izquierda, peina la plaza del Dr. Valls, donde comienza el barrio que ha permanecido en la memoria popular como Les Coves, por la razón de que los edificios de esa zona se asientan sobre lo que fueron cuevas-vivienda. Estamos todavía en Godella y una de las calles que lo conforman, la llamada de Burjassot, que desemboca en la mentada Divisoria, fue el primer destino de este valenciano de Teruel. El orillerismo se estaba forjando.

            9. Seguimos en la esquina izquierda donde se asentaba la tienda de comestibles de la Tía Pepa. Cruzando la calle ya estaríamos en Burjassot, pero permanecemos en esta esquina a la que le hemos tomado querencia y observamos que a partir de ahí el paisaje urbano cambia radical. Se abandonan las casas bajas de un piso, dos máximo y se abre la Avenida de Ausias March.

CROMOS

     

 HOJA-2-web           B. Burjassot-Godella.

            Hemos cruzado. Ya estamos en Burjassot. Edificios a caballo entre los sesenta y los setenta de varias alturas nos reciben. Viviendas impersonales que ganaron en altura para recibir la fuerte inmigración coexisten con algunas casas bajas más antiguas.

            Antes de ser repatriado de la diáspora de españoles por Europa que supuso la emigración de los años sesenta, en alguna de las vacaciones en que se acostumbraba a realizar el Vía Crucis de visitas familiares, el narrador recuerda que hasta aquí llegaban las vías de un tranvía a la antigua, es decir compartiendo calzada con los escasos vehículos, que ya no circulaba. Pero las vías aún permanecieron unos años. Una máquina había soltado, un poco antes, los vagones que trajera desde Valencia y con un hábil cambio de agujas y de vía, tomaba aquellos que había de llevarse de nuevo hacia Valencia. Y el viaje se reiniciaba, repetición de los anteriores como metáfora de los ciclos de la vida.

            10. El kiosco de Michel, un francés que se asentó en el barrio hace treinta años, cuatro estuvo en otro emplazamiento, se asienta, después de veintiséis en el bajo que fuera el de los comestibles de Esmeraldita. Comparte decanato de los comerciantes del barrio con quién después nos ocuparemos.

            11. A continuación el Bar Emilio, cuya fachada denota abandono, derrota y sufrimiento, habla por sí sola de la caída que sufrió este populoso establecimiento. Sin embargo es más fuerte el recuerdo de aquel coloso Emilio que tanto intimidaba al muchacho que comenzaba a aficionarse a los ambientes de café y sobre todo los memorables champiñones a la plancha que, sin razón lógica para ello, asocio con otros memorables de la Calle Laurel de Logroño.

            Incluimos en éste epígrafe y contiguo a él, el horno de Lolín o Loli, industriosa mujer que oficiaba siembre animosa. Nunca descifré el enigma de porqué un horno vendía huevos y yogurts, cuando los Danones de cristal eran los únicos que se veían.

            11bis. Siguiendo por la misma acera a la altura del número 71, si cierro los ojos, oigo el izado de persiana, que mi amiga Isabel me recuerda, que aún después de varios años cerrada la Paquetería Maribel, tenía que realizar al volver a casa a ciertas horas de esas que llamaban intempestivas.

            12. Dos casas más abajo, pues estamos descendiendo la colina que antes habíamos coronado, arribamos al decano de los locales de la calle; los Talleres Auge de Felipe. Este mecánico autodidacta tuvo el dudoso honor de estrenarse en su actividad “metiéndole mano” a mi Renault 4 amarillo. Aún después de 30 años, ambos lo recordamos.

            13. llegamos a la intersección con la calle Vista-Alegre donde aún se mantiene en pie, aunque muchos años cerrado, el edificio de Telefónica. Allí acudíamos algunos mozalbetes acompañando al hijo de un empleado, cuando sin vigilancia invadíamos el, para la época, tan tecnológico lugar.

            14. Justo enfrente, en la acera izquierda, dos locales vecinos con desigual fortuna. Primero la desaparecida Ferretería Díaz, familia de tan grandes profesionales como grandes fumadores, ahora convertida en peluquería. A continuación la farmacia que mantuvo durante lustros su cruz verde en la esquina antes de mudarse, calle Vista Alegre abajo hasta la carretera de Bétera, muestra ahora la tristeza de su persiana bajada.

            15. Volviendo al edificio de la Telefónica, cruzamos Vista Alegre y llegamos a la esquina del Bar Avenida, hoy después de muchos años, comercio de alimentación, Súper Tauro. Este cambio de denominación no ha implicado cambio de titularidad. Allí, el aperitivo estrella para la muchachada, siempre escasa de peculio, era a cambio de 27 pesetas y así recitado: una de morro y una Peksi; no es error como se ha escrito: P-E-K-S-I. Algunos preferíamos sustituir la “Peksi” por una caña, con lo que aún nos resultaba dos pesetillas más barato. ¿Cómo se pretende así acabar con las libaciones etílicas?

      HOJA-3-web      16. Admiramos algo más abajo, en la acera opuesta, una casa tradicional, muy bien conservada, casa de acomodados veraneantes venidos de la “lejana” Valencia. Sólo un momento, para admirar esta construcción superviviente de tiempos ya perdidos.

            17. Colina abajo, tornando a la acera derecha, donde la vía que llevamos se une con la carretera de Bétera, formando como en la yunta de dos ríos un delta, se levanta un edificio, algo más pretencioso que el resto de los de la década de los setenta, donde se instala Muebles Núñez, que ha podido sobrevivir hasta la fecha en que se redactan estas líneas.
Dentro de este solar-delta ha quedado, en la punta, una plazoleta con árbol en súper-alcorque en el centro, banquito para reposarse y como elemento superviviente de usos periclitados, un ejemplar de cabina telefónica, modelo templete abierto. Es el punto en que confluye la mentada Carretera de Bétera, que en ese tramo se llama Calle de Lauri Volpi, en honor a don Giaccomo, tenor italiano que tuvo el detalle de instalarse, junto a su amada María Ros, soprano alicantina, en un palacete todavía en pie, a escasos 50 metros.

            18. Después de la confluencia, la vía resultante mantiene el nombre de Ausias March. Sin detener nuestro paseo, admiramos un buen exponente de adaptación de un edificio fabril, antigua fábrica de telares de seda, a uso vivienda y bajos comerciales.

            19. Cruzada la Calle de Guzmán, paradójicamente apodado el Bueno, llegamos ante lo que fuera un bar, el Rosana. En vista del uso actual se hace necesario, una vez más, cerrar los ojos para evocar a su regente un hombre flaco y nervioso y su señora, contrapunto perfecto, donde traicionando las apariencias, se servía un café excelente.

            20. Enfrente, al otro lado de una plaza ajardinada, destaca y emerge de sus andenes el edificio color albero y blanco de la estación de Burjassot-Godella, que da nombre sentimental al barrio y acaso a sus gentes aportando un gentilicio no formal, pero que nos atrevemos a enunciar por primera vez: burjasotense-godellense. (*)

            Verán, estamos caminando por el término de Burjassot, pero hasta que no crucemos la vía que ya está a pocas zancadas, tenemos el sentimiento de todavía transitar por este territorio, más emocional que real, entelequia llamada Burjassot-Godella.

            21. Atisbamos “Conservas Badía”, después de varios lustros evolucionada, convertida o adaptada en Mercadona. Esta tienda, ejemplar señero de la cadena valenciana, tiene su entrada peatonal anterior en Burjassot-Godella y salida posterior a…

CROMOS-2

 

El Morocho del Abasto

Imágenes, fotografías y mapas: Manuel Geómetra.

(Continúa en Templers de Burjassot)
https://templersdeburjassot.wordpress.com/2018/02/25/burjassot-godella-viaje-sentimental-en-el-presente-evocando-el-pasado-ii/

(*) El templer Javier Martínez, en el prólogo al artículo sobre mi libro, Cuentos Arquitectónicos, publicado en su blog, Templers de Burjassot, acuñó el término de “burjasotense-godellano”, estableciendo con ello, muy hábilmente el germen de este artículo.

LAS CHICAS DE LA LIBRERÍA CERVANTES

                LAS CHICAS DE LA LIBRERÍA CERVANTES

TRES-CRIAturas            Nunca había estado antes en la Papelería-Librería Cervantes de Godella, lo cual ciertamente no dice nada a mi favor. Añadan como agravante que soy de Godella o asimilado, esto es; fruto de la emigración. Vivo en esta población, con alguna intermitencia, desde hace más de cuarenta años “válgame el señor” y la librería lleva en funcionamiento 25 años. Con esos datos, nuestros caminos bien podrían haberse cruzado en alguna ocasión; dicho de otra manera, podría haber tenido la curiosidad de visitarla. Tampoco ellas, la regente y su hija, tuvieron noticia cuando presenté mi libro, Cuentos Arquitectónicos, en Villa Teresita en la Calle Mayor. Este dato, no lo refiero como atenuante a mi descuido, sino que es ilustrativo de lo que ocurre en nuestras sociedades actuales. En los pueblos, ya no se conoce todo el mundo.

            Añadiré que siendo un acto literario debería haber tenido la ocurrencia de visitarlas y quizás la municipalidad, podría haber dado más difusión a un evento cultural, que para una población de 13.000 habitantes, el autor novel que les escribe, siempre pensó  que tendría mayor repercusión. No es éste un escrito de lamentos, antes al contrario, es de optimismo.

            Un sábado de mañana tomé la bicicleta de las compras, la que lleva atada una cestilla para tal fin, llevando como único equipaje mi libro bien protegido en una bolsita de plástico transparente. Recorrí los 400 metros de la Calle Mayor, crucé la Carretera de Bétera y crucé la vía del trenet. A partir de ahí, las calles se hacen rampa pues se adaptan a lo que  fue la Muntayeta de Godella. Con una bicicleta sin desarrollos la cuesta parecía más pina de lo que es, que no es poca, pero dada la brevedad del recorrido, llegué razonablemente entero y sin sudar; era el mes de enero.

            La tienda, pues tienda es,  aparece recogida y recayente a dos calles, con entrada a la Cervantes, de donde toma su nombre y a la de Paterna. Sobre ésta, tiene un discreto escaparate y sobre la otra, uno mínimo aunque coqueto que recuerda a viejos comercios de tradición.

            Entré y en un primer momento pensé haber hecho viaje en balde pues el espectáculo se me presentaba cautivador en cuanto a contenidos de papelería, manualidades y de regalo; todo dispuesto con gusto, pero libros, en una primera visual, no detecté ninguno. Mientras aguardaba a ser atendido los vi; un pequeño espacio en L. Hablé con Clemen, la dueña, no supe su nombre en esa primera entrevista, pero con toda naturalidad le ofrecí mi libro y con toda naturalidad prometió pedirlo a la distribuidora.

  ENTRE-COLEGAS          Dos sábados después, es decir ayer, volví a hacer la escalada ciclista y llegué casi en tiempo de descuento, término que uso para referirme a mi costumbre, poco elegante, de llegar rayando la hora del cierre.

            Fue una agradable conversación, siempre lo es hablar con los libreros, especialmente cuando éstos son lectores, pues y esto lo escribiré bajito, por si alguien me lee: hay libreros que no leen. Previamente Maru, su hija me había mostrado los tres ejemplares, tres criaturas que cohabitaban en íntima fricción, lomo con lomo, con el resto de obras.

 SOCORRO           Con Clemen, la conversación fue fluida, mientras Maru guardaba respetable distancia. La exposición de libros, en verdad no es muy amplia, pero como en una persona virtuosa, a menudo lo importante es lo que no se ve, así me aseguró que la mayoría de su clientela la tenía fidelizada. Le pedían y ella traía. De cualquier sitio; de cualquier distribuidora. Añadió que con frecuencia le reclamaban incluso ejemplares rarísimos. Con instinto protector, de inmediato pensé en mis tres criaturas: ¿entrarían ellas dentro de esta categoría?

            Aparte de los autores imprescindibles del momento, concepto este que debe entenderse en términos de venta, es muy de agradecer que tuviera un pequeño apartado de autores locales cuya nómina ahora vengo a engrosar. Me pregunto ¿si en la Biblioteca Municipal, habrán tenido la misma idea?

            Me despedí muy cordialmente de ellas dejando mis tres criaturas a su cuidado. Me fui tranquilo. Sentí que quedaban en buenas manos.

             El Morocho del Abasto

Un Amoureux Inquiet de l’Orthographe

             Un Amoureux Inquiet de l’Orthographe

  SERVICIO-DE-ESCRIBIR-PAR-MANUEL-GEOMETRA    L’hiver, quand il y en a, les amoureux hivernent. Heureusement cet année il y en a. Eux, les amoureux, par conséquent hivernent. Moi, humble solitaire je déduis que pendant cette merveilleuse saison il y aura des tas de filles, des femmes de tout genre non aimées. Alors, poussé par mon  esprit sylvestre et guilleret. je guète, je surveille, j’attends ma chance. Je flâne dans les rues balayées par le vent du nord. Fourré dans mon gros manteau, coiffé de mon feutre gris, je ressemble à monsieur l’hiver qui s’approche, mais que personne ne veut voir. Cette invisibilité est avantageuse; je les admire à plaisir. Elles sont tellement charmantes dans leurs fourrures chaudes. Mais leur cœur; il restera glacé sans un peu d’amour. Et le temps passe, passe, passe le temps…

      J’ai réussi, je suis tombé amoureux. Quelle joie! Qu’elle est belle cette saison! Qu’elle est belle la couleur crue du ciel, des cieux. Le platane énorme et nu de mon jardin semble se réjouir aussi.

     Et elle, que pourrais-je vous dire? Qu’elle a les lèvres violacées, froides qui attendent un peu de chaleur? Que ses yeux, comme le grand bleu, mon Dieu, quels yeux! Elle, elle ne sait rien encore, mais elle saura. Elle va commencer à savoir. Je lui écris. J’ai connu son adresse par un pur hasard; j’ai interrogé un concurrent! Cela ne sent pas le génie? Mais le genre épistolaire me pose un problème. Oui! Vous ne croirez pas vos yeux, mais si, c’est vrai. J’ai un document. Voici le lien:

    https://youtu.be/qhzrKzWqqqk

      Manuel de Français

Botellas Sin Transición. Bares que Lugares.

 Botellas Sin Transición. Bares que Lugares.

 

    BOTTLE        Había quedado con ella. Le había conseguido arrancar una cita. En un bar, algo discreto, con poco público, pues no todos saben apreciar los buenos lugares. En previsión de esa cita me había ido dejando crecer el bigote y la víspera de la cita…, he de confesarlo, me engominé las puntas. Dormí con una redecilla, boca arriba; a buen seguro ronqué, pero es tan triste; no tengo a quién. Ya no tengo a quién. Por eso aquella cita me tenía en un sin vivir.

            La ducha de la mañana tuvo su aquél. No sabía cómo conducirme pues suelo dejar que la lluvia que escupe el rociador me golpeé la cara; así que no me creí despejado en toda la mañana. Comí frugalmente y perdoné la siesta, cosa que no ocurría desde la llegada del euro, para no arruinar mi magnifico bigote. La cita era para las siete, las diecinueve como anuncian en las estaciones de tren. Hora ideal, que permite, caso de que no avance bien la velada, pretextar una cena con la madre, que se ha quedado sola… Si la cosa promete, siempre se puede sacar el recurso de invitar a cenar.

            La cosa cuando promete, ya me habrán entendido, significa, tras una buena maceración, preguntarse por donde colgar la ropa. Muchos años de educación como varón tienen la culpa de esa fijación  de pensar que las copichuelas, la cena y luego más copichuelas son el preámbulo de algo que casi nunca sucede, ¿pero quién sabe? Si al menos supiera lo que piensan ellas… ¿Y si pensaran lo mismo,  pero por una falta de comunicación, no lo percibiéramos?

            Me vestí cuidadosamente, decidí engominarme también el pelo; ya saben lo brillante que queda. Me hice raya al medio. Me enfundé un traje que los modernos: hipsters, runners y demás fauna llamarían vintage… Hago un inciso sobre la palabra en cuestión. En nuestros días, en que cualquier neologismo intentamos pronunciar “a la inglesa”, pues creemos que no hay otra más que la lengua única, por alguna curiosa razón, esta palabra solemos pronunciar, más o menos a la francesa, algo así como [ventash], discúlpenme la transcripción nada científica, muy de andar por casa. ¡Error! Según me contó un sesudo profesor de inglés, en verdad es una voz inglesa y deberíamos pronunciar algo así como [vintish]. Reitero mis disculpas.

            Pero volviendo a mi indumentaria, en verdad era una levita de mi tío-abuelo Leopoldo. Me vi bien en el espejo, ni siquiera había de ponerme postizo alguno; mi barriguita era natural. Pero quise bordarlo; la herencia de Leopoldo me viene por parte de padre. Por parte de mi madre hubo el tío Anselmo. Me puse su monóculo, al fin y al cabo es lo único que nos dejó, repetía mi madre.

            Sé que el concepto del dandismo se ha perdido, mas yo me sentí muy dandi. Intuía que iba a triunfar. Llegué con ligero retraso, de lo cual no piensen que me siento satisfecho. Mi Julieta ya estaba allí. Por la expresión de su cara comprendí que había valido la pena la puesta en escena. Ella iba muy natural; ya saben lo sencillas que son las mujeres con la ropa y con el peinado. Nosotros, sin embargo, tenemos esa servidumbre. ¡Ay, condición de varón!

            Ella, al principio daba idea de querer escapar, pero ya saben cómo las apariencias engañan; seguramente estaría impresionada. Pedí una botella, sólo para que se serenara, sin doble intención. Si les sigo relatando por lo menudo el lance, corro el peligro de no ser creído. Pero por fortuna para mi reputación hay un documento gráfico y sonoro. Les dejo con él.

https://youtu.be/UUYKgvSFaT8

            El Morocho del Abasto.

LA BLONDE

            LA BLONDE

    LA-BLONDE-web Aujourd’hui, comme il m’arrive souvent, je déjeunais tout seul. Dans un bistrot bon marché à prix fixe. Cela ne m’empêche pas, de temps en temps, de gouter un bon vin. Le vin d’aujourd’hui était plutôt un petit vin du terroir. Mais du vin, pas du vinaigre. Parfois la formule, d’un seul plat, inclut un petit dessert. Mon esprit était plongé dans un bol de lentilles « a la Riojana », l’on prétendait. Vraiment, c’était un de ces jours de plat à cuillère bien chaud et d’un bon verre de rouge. Dehors, la pluie avait cessé. Les carreaux des dalles du trottoir, d’habitude grisâtres, étaient devenus presque noirs.

     À l’intérieur deux hommes discutaient. Je les écoutais distrait entre cuillerée et cuillerée. Les lentilles avaient un arrière-gout bizarre que je n’arrivais point à identifier. Les hommes, cachés à ma vue, par cause d’un pilier de la salle, avaient cessé de discuter ; ils se disputaient. Le sujet, éternel chez nous les valenciens : si notre langue régionale est différente du catalan. L’un d’eux, le plus animé, voire colérique, défendait l’indépendance de notre langue valencienne. L’autre, condescendant, manifestait : « d’accord, appelle-la valencien, si tu veux ». Le premier, plus encouragé, n’acceptait pas ce pourboire ; pour lui ce n’était pas question de dénomination, mais de différence. Il s’appuyait sur le fait que si une langue existe, elle a des auteurs et de la littérature. Et que c’était un fait qu’il n’y a  aucun  ouvrage « catalan » antérieur à « Tirant Lo Blanc » de Joanot Martorell, homme de lettres valenciennes. De l’autre côté de la salle, un vieux paroissien mangeait sa soupe insensible à la bagarre.

     Soudain, la serveuse et patronne émergea du pilier. Elle avait assisté fort amusée à la dispute. Seulement elle essayait de maintenir les décibels dans un ordre de grandeur acceptable.

     —Surtout ne m’effrayez pas cet homme— dit-elle.

     L’homme c’était moi. En passant devant ma table, elle me cligna d’un œil. À l’attente du petit dessert, crème catalane brulée, je repris mon Maigret, page 22. Les deux hommes se mirent debout et s’écartèrent l’un de l’autre. S’étaient-ils vraiment fâchés ? Seulement un instant je les ai eus sous mes yeux. Tous les deux savouraient déjà la retraite. Moi, je savourais la crème catalane. Eux, ils s’étaient disputés pour la cause catalane. La crème finie, je repris à nouveau mon roman. Page 24. L’un d’eux, le défenseur du catalan sortit. L’autre, le plus bruyant fit un tour de la salle. Mon thé noir arriva. Ensuite arriva le défenseur du valencien. Il s’habillait d’un manteau vert énorme pour couvrir son imposante carrure. Une barbiche mal soignée cachait la rougeur de son teint. Rougeur de libations. Il se plaça devant moi.

     —Excusez-moi, monsieur, si je vous ai gêné… Tiens, un homme qui lit —s’exclama-t-      il ! —Quelle émerveille !

     Ensuite, il tira d’un sac à provisions, que je n’avais pas aperçu, un livre mince. Il se présenta comme l’auteur du bouquin. C’était un livre de poésie. Puis il ajouta :

     —Ingénieur retraité et poète à l’occasion.

     Ensuite :

     —J’écris des poèmes ; des sonnets et des haïkus.

     —Des haïkus aussi ?— Ce n’est pas une perversion ?

     Il fit un geste comme disant « c’est l’époque… ». Puis, il m’apprit la soi-disant métrique du Haïku. Sa conversation était vivante ; il passait d’un sujet à l’autre tandis que je feuilletais son ouvrage.

     —Mes félicitations— conclus-je en lui rendant sa carte de présentation.

     J’avais envisagé qu’il essayait de vendre ses sonnets. Mais non, il le prit tout naturellement et le rangea à nouveau dans son sac. Mais il ne se tut pas. Il interrompit, juste une seconde son bavardage, prit un air rêveur et continua :

     —Mon père fut collègue d’Antonio Machado au lycée de Soria. Il enseignait les maths el Machado le français. Mais mon père fut chassé de l’enseignement. Il était castillan, ma mère (je ne me souviens plus), et à cause du déménagement forcé je devais naître à Valencia…

     >Or, ma mère, se trouvant à Requena, dut-y accoucher. C’est la preuve de que j’y suis né à cause ou pour la faute du vieux Franco. Étant donné que Requena n’est point une zone où l’on parle le valencien, je ne le parle guère. Mais ça m’énerve d’écouter que le valencien est catalan…

     Très amusé je bus mon thé (Dammann Frères) à petites gorgées. À la fin, l’homme prit congé de moi, tout en s’excusant du vacarme avec son ami. Son ami n’était point fâché ; il était sorti avant, tout simplement pour fumer une cigarette, mais lorsque celui-ci partit, mon bavard ne l’accompagna pas et resta à me chauffer l’oreille.

     Tout amusé que j’étais, à un moment donné j’eus un frisson, quelque chose d’imprécis qui ne dura qu’une minute : je regardais, comme dans la boule à cristal d’une sorcière et je me vis, dans dix ou quinze ans, à faire le tour des cafés et à casser les pieds des attablés avec mes proses.

     D’un pas morne, je me dirigeais vers la sortie ; mon causeur resta dégustant, maintenant, un Rioja ; il devrait avoir soif. Je fermais lentement la porte de la Blonde et je partis de mon cœur à mes affaires. La patronne était brune.

         Manuel de Français