ALBERTO CORTEZ. Cuando un amigo se va.

ALBERTO CORTEZ. Cuando un Amigo se va.

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Se nos fue Alberto Cortez en silencio, aunque él no fue un hombre de silencios. Como buen argentino fue gran decidor. “A lo mejor más que viejo, seré un anciano honorable, tranquilo y lo más probable, gran decidor de consejos” (canción la vejez). El silencio se lo dimos nosotros pues ya casi nadie le recordaba, aunque todavía seguía en activo, algo maltrecho, es cierto, pero aún tenía algunos apuntes en su agenda. Ese olvido a este escribidor, fatalmente especializado, últimamente, en obituarios le causa tristeza.

Cuando un amigo se va, entre sus muchas y muy bellas canciones, es el himno que procede como despedida. “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.” Otros cantores, quizás, llegarán, aunque los tiempos que corren no parecen reunir las condiciones, el sustrato necesario para forjarlos. Pero no sería en vano que hoy, en que el grito se interpreta, erróneamente, como cantar, alguno de estos vociferadores jovenzuelos, (la Rae no admite vociferos que me gusta más), por azar o por despiste escuchara alguno de sus discos y aprendiera que, aun poseyendo torrente de voz, hay una manera de cantar, de decir la canción.

Se cuenta que debutó, siendo muy joven, con cancioncillas frívolas como “El Sucu Sucu” y otras del folclore americano. En esa primera época “frívola” creó su primer gran éxito “las Palmeras”

Ello le abrió las puertas de otros auditorios, así en su primer concierto “unipersonal” en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, sorprendió a propios y extraños cantando temas de Atahualpa Yupanqui, Dávalos, incluso dos poemas de los 20 de Pablo Neruda y una Canción Desesperada, en concreto los números 15 y 20 que él mismo musicó. En ese mismo recital, estrena su emotiva canción, “En un rincón del alma”. Este escribidor, mantiene su teoría de que los grandes cantores y compositores, de longeva carrera musical, aunque sigan componiendo, sus mayores “hits”, los compusieron siendo razonablemente jóvenes.

Nació así el cantor, no diremos comprometido, pues cantautor, se alejaba un tanto de aquella marca de identidad, propia de una época. Su canción, en general, no era protesta, más bien un canto a la vida. Se celebraba la suerte de vivir, “Qué suerte he tenido de nacer”. Lo cotidiano lo natural, nacer, crecer, enamorarse, eran tratados con sensibilidad poética. Pocas veces su canción iba contra, excepcionalmente, aunque sin saña, “Para ser un pequeño burgués” en la que no falto de ironía, reconocía que tales consejos los podía dar “por propia experiencia”. Su canción era a favor “pro”, evocativa “Mi árbol y yo”, melancólica, sin amargura “Distancia”, “Como el ave solitaria”. Y testimonial. En una sola canción, “El Abuelo”, entendemos porque a los españoles todavía nos llaman gallegos en Argentina. Mas esa hermosísima canción es, por añadidura, la exposición del viaje de ida y vuelta. Va el abuelo y se queda anclao, no en Paris, como en el tango de Cadícamo, sino en la Argentina y a esa nueva tierra entrega su vida. Vuelve el nieto, él, poco importa si es autobiográfica o no, quien promete al abuelo volver a la aldea gallega de la que el viejo salió hace tantos años. Y le habla al Viento del Norte, como antaño lo hiciera el abuelo.

Canta a la amistad “A mis amigos” a los que te dan la vida y con los que compartes lazos de sangre, “Eric Peter y Jan”. Y al amor, ese amor gigante, cuando el enamorado se torna devoto de su amada, sin obsesión, o con ella, “Te llegará una rosa cada día, que medie entre los dos una distancia. Y será tu silente compañía, cuando a solas te duela la nostalgia”.

La lista no acaba ahí, lo anterior es tan solo un esbozo. Mi relato tiene vocación de crear curiosidad en el lector que no lo ha conocido y aportar memoria a quien la ha perdido. Los derechos que tales prospecciones, acaso compra de algún disco, ya no los disfrutará; alguien los percibirá, pero la industria es así.

Se cuenta, que conoció a la Piaf, quién le hizo ojitos, como se los hacía a los mocetones de aspecto latino y se cuenta también, lo escribió él, que de ella adoptó la sobriedad en el vestuario sobre la escena: el traje oscuro, neutro, sin realce de blanco en el cuello ni en la manga, quizás para que el protagonismo, esto lo añade un servidor, no fuera el artista, sino la canción.

Cuando conoció a Brel, Jacques Brel, sobre el escenario, insolencia de juventud, se burlaba de él, por su forma estrambótica de gesticular y de sudar. Renée Govaerts, a la sazón joven amiga de Cortez se enfadaba muchísimo. La mujer belga, su compañera de toda la vida, le hizo reflexionar. Luego, por exigencias del guion, aprendió francés y comenzó a entender todas las cosas que Brel cantaba, la belleza de sus letras y sintió un profundo arrepentimiento.

Este relato llega a Facundo Cabral. Si Cortez, hoy en día está olvidado en España, Cabral es como si nunca hubiera existido. Un sujeto absolutamente silvestre, “No soy de aquí, ni soy de allá”. Este es el título y la letra continua:

Me gusta el vino tanto como las flores

y los amantes pero no los señores,

me encanta ser amigo de los ladrones

y las canciones en francés.

 

No soy de aquí, ni soy de allá

no tengo edad, ni porvenir,

y ser feliz es mi color de identidad.

 

Facundo Cabral murió tiroteado “por error” hace unos pocos años, 2011 en Guatemala. Alberto Cortez murió de tanto usar la vida este jueves, 4 de abril de 2018.

Acérquense a Alberto Cortez. Y este les llevará a Facundo Cabral. Descubran que lo Cortez no quita lo Cabral. Vale la pena.

 

El Morocho del Abasto

Que c’est triste Venise.

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Que c’est triste Venise.

 

Charles Aznavour, mon vieux Charles, mon cher Charles, mon émouvent Charles, mon déchirant Charles, le diplodocus de la chanson française a fermé ses yeux… ses yeux rêveurs toujours grand ouverts, parfois mi clos quand les rêveries arrivaient. Ce jeune agé de 94 ans, depuis 80 de carrière, c’est éteint en apothéose, bossant jusqu’à la fin. S’il regardait en arrière, ce n’était point avec nostalgie, mais avec fierté. Fierté du parcours, fierté du travail bien fait. Peut être, lui qui avait tant vecu, pensait-il que le meilleur était encore à arriver. Ce petit homme, immense, devenu artiste en frappant sur l’enclume,  est la bande sonore de ma vie, de plusieurs vies, de pas mal de génerations durant des décénies.

In avait beau être, ironique, plein de dignité, orgueilleux et, certainement un peu ou un beaucoup vaniteux, je le sentais proche. Car il m’accompagnait. Peut être pas lui même, mais ses chansons. L’important —déclarait-il récemment aux États Unis— l’important, n’est pas si l’on se souviendra de mon nom, l’important c’est de se rappeller de mon oeuvre; parfois on ne se souviens pas du nom des grands écrivans français, mais on se souviens de leurs livres. C’est ça que je veux dire.

Et on se souvient. N’en croyez vous pas ? La bohème. Que c’est triste Venise, Emmenez-moi, J’aime Paris au mois de mai, Comme ils disent, Isabelle, Bon anniversaire, Les amours démodés, je m’en voyais déjà, Hier encore, Je t’aime A.I.M.e, Et moi dans un coin, Ave Maria, Les jours heureux, le Palais de nos chimères, et comme ça, jusqu’à 1200 chansons. Mais aussi : La bohemia, Venecia sin tí, Amo Paris en el mes de mayo, Como dicen, Buen aniversario… et la même chose en italien, en anglais…

La prodigalité c’est important, mais ce n’est pas l’important. L’important, paraphrasant son jeune ami qui l’a précéde vers l’immortalité, Gilbert Bécaud, l’important c’est la rose. La fleur de ses chansons, au parfum fin, saupoudré d’émotions, de la joi de vivre, du droit au caffard, à la mélancolie mélancolique, quelques unes excesivement douçatres, c’est vrai, mais toujors touchantes.

Je lis pour me cultiver, dit-il, c’est bon pour mon métier, pas pour briller en société . Ce sont de vrais mots d’autodidacte. Quand on débute dans la vie avec un simple certificat d’études et devient un icône de la culture française dans le monde, ca veut dire qu’il y a une force intérieure qui ne connais pas le repos. « Je connais ma valeur, disait-il. Mais je me garde de donner des conseils. De quel droit ? (…) Je dis surtout qu’il n’y a qu’une règle : le travail, l’apprentissage. Quand le métro est bondé, on entre en poussant. Eh bien les idées, c’est pareil ! Si ça rentre de force, on fait de meilleures choses. »

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Les sujets permanents dans ses chansons : le passage du temps, la perte de la jeunesse, la perte de l’amour. Mais sans amertume, comme une simple exposition du bois dont la vie est bâtie. Parce que de tous les matériaux dont on bât la vie, etaient bâties ses chansons.

Essayer d’exprimer la vie. Quelle tâche à accomplir ! C’est pour ça qu’il avait besoin d’arriver jusqu’à cent ans de vie, pour essayer de la comprendre et l’écrire. Après, disait-il,    il sera peut-être temps de me reposer dans mes Alpilles, parmi mes oliviers .

Tous les grands laissent leurs oeuvres inachevés ; c’est naturel pour un esprit curieux et inquiet. Chez moi, ses chansons continuent à travailler.

Manuel  de Français

Praderita, de las Flores, María Dolores.

                                       Praderita, de las Flores, María Dolores

MARIA-DOLORES-PRADERA-2-web      Con esa delicadeza,
propia de una golondrina,
ahí viene la flor más fina,
la rosa más perfumada
del jardín de la ilusión…                  (Carlos Cano)

   Cuando me separé de Fernán Gómez, lo primero que hice fue comprarme una enciclopedia. Hasta entonces no me había hecho falta; aquel hombre lo sabía todo.

           Tras esa entrevista supe de la finura de su humor, como ya lo sabía de la canción; de su canción. Pues sus canciones que eran de todos y del viento, aunque tuvieran sus autores, a saber: Chabuca Granda, José Alfredo Jiménez, Carlos Cano, incluso Sabina, entre otros, las hacía suyas; las praderizaba.

            Cayendo en el tópico, pues imposible es no hacerlo, ¿quién es capaz de imaginar otra autoría, distinta de ella, para su Flor de la Canela”? Manolo Escobar tenía su carro, esta propiedad, algo chusca, pero muy popular, lo perdió; más poéticamente Silvio Rodríguez extravió su Unicornio Azul, mas María Dolores entregó, por amor, el rosario de su madre. Roto el amor, esto último era lo único que le interesaba recuperar “el resto, te lo envío a cualquier parte”… Pero hubo un tiempo en que iban amarraditos los dos, yo con mi recrujir de almidón y tú serio y altanero.

           Desde luego parece un juego
pero no hay nada mejor
que ser un señor de aquellos
que vieron mis abuelos.

   MARIA-DOLORES-PRADERA-web         Así era ella, una señora de aquellas que vieron mis abuelas, la gran dama de la canción, decían los periodistas de una época, pero también una señora de estos tiempos, curiosa de todo, sorprendida de que los artistas más jóvenes quisieran cantar con ella, los ritmos más antiguos. Volviendo a Carlos Cano: …y la manera, de cantar, siendo española a toda América entera. 

          Así es, así me lo pareció, cuando jovenzuelo, comencé a escucharla, la tomé por americana de la América Española, sé que el término ya no se considerará políticamente correcto, pero reivindico liberarse de ese corsé, para decir con naturalidad las cosas que todo el mundo entiende. La voz de un continente, me gustaría añadir, si alguien no se me ha adelantado con el titular. Y si así fuera, aquí está mi adhesión.

           Cantaba con formas decidoras, tomo la expresión de José Larralde, con naturalidad, sin desgarro exterior; no sabemos si en su discreto interior, le dolía América entera.

         Se nos ha ido, con la ausencia que nos deja alguien de casa, se nos ha muerto, discretamente, de tanto usar la vida.

 

El Morocho del Abasto

LA CHANSON…¡QUE MOMENTOS!

LA CHANSON…¡QUE MOMENTOS!

ELENCO-WEBAlgo tan trivial como ver la televisión, la pública, tan denostada. La 2, esa que dicen algunos, tan aburrida. Saber y  Ganar. Maravilloso Programa. En última llamada. Seis nombres de cantautores franceses o asimilados de la Chanson. Seis fragmentos oídos. Tres concursantes: una señora de cierta edad, con lágrimas de la emoción; un hombre no muy afín; el tercer hombre, un chico, hace el gesto de secarse el rabillo del ojo y este chico que les escribe humedeciendo una servilleta de papel. Sobremesa entrañable. Pues hubo un tiempo que en España, se oía música francesa. Algunos lo recordamos.

Manuel de Français

Dyango y Beethoven

      Dyango y Beethoven

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¿Quién es este Dyango? se preguntarán los sub-cincuenta y algún cincuentón desmemoriado. Y ¿con qué derecho se le emplaza al lado de uno de los grandes? El sordo genial, el de las sinfonías numeradas como las avenidas de Nueva York… El icono de algunas paradojas, por ejemplo, en reivindicaciones antiabortistas. Sí han leído bien.

“        —¿Está usted en contra del aborto?

         —Hombre sí claro

         —¿En todos los casos?

         —Sí, creo que sí.

         —Y ¿qué haría usted en el caso de un padre alcohólico y sifilítico, cuya mujer, tuberculosa, queda embarazada?

         —Hombre ahí sí…

         —Un minuto de silencio; acaba usted de matar a Beethoven.”

         La anécdota, realidad o ficción, se le atribuye a un eminente genetista: Lejeune, pero valga ella tan solo como eso, una anécdota; no está en el fondo de la intención, si alguna tiene, de este artículo.

      La historia viene a colación por una película de los años setenta, La Querida, dirigida por Fernando Fernán Gómez y protagonizada por él mismo y por Rocío Jurado, para mayor gloria y lucimiento de esta última. ¡Vaya!, exclamará más de uno, ¡Qué extraño emparejamiento: ese gran director, actor e intelectual, con una folclórica! Hay quién para justificarlo aclara que se trataba de una película “alimenticia” de Fernán Gómez.

      No nos pronunciamos de momento, así que sigamos con la exposición. Fernán Gómez en el papel de compositor melancólico, separado de su mujer y con tendencias alcohólicas, conoce a Rocío Jurado. De vida disoluta, se instala en un piso enfrente de él. Éste la aguarda, oteando a través de los visillos, la llegada de  ella, circunstancia que se produce cada madrugada, invariablemente alrededor de las tres, acompañada de un galán, no siempre del mismo, aunque ella sienta predilección por uno. Pronto se establece una especie de complicidad-simpatía entre ellos, lanzándose miradas y gestos.

      Finalmente, por razones de economía, se aduce en la cinta, acaban viviendo juntos; ella se muda al piso de él. En ese momento inicial cualquier varón de mi ralea se hubiera cambiado por Fernán Gómez, pues hay que reconocer que Rocío Jurado a sus treinta abriles reunía más atributos para parar el tráfico que un guardia urbano.

DYANGO-WEB         Bien, el caso es que en la sala están los dos, ella se retira hacia el fondo del pasillo, al cabo del cual todos entendemos que está la habitación, pues ella parce ser que quiere ofrecerle un homenaje, más que de bienvenida, de bienhallado. La cámara se abre o se retira un poco para recoger algo de panorámica y se advierte en la pared dos carteles en íntima vecindad, uno de Dyango; otro de Beethoven. Al fondo, después de ella penetrar al cuarto para conjugar el verbo anterior, se advierte otro póster; éste de un jovencísimo Serrat de la época de Mediterráneo.

beethoven-WEB         Y es este tú a tú de Dyango y Beethoven, esta cohabitación deliciosa y posible, para algunos tal vez escandalosa, la que nos ha motivado y seducido. Más que el resto de la película; más que los encantos de cuerpo y voz de Rocío, más que el creible alcohólico protagonizado por  Fernando  que camina hacia su autodestrucción; más incluso que la presencia anecdótica de un Serrat al fondo del pasillo que guarda la entrada de la alcoba del encuentro y de la soledad.

       Porque este escribidor de historias es pueblo. Y como pueblo se apasiona por Rocío y por sus gracias, por el cómico Fernán Gómez, por el trovador Serrat. Y aunque por Beethoven siente una admiración reverente y extraña, le viene un poco grande… Por ello agradece que algún diablillo del equipo de rodaje enviara al genio de visita a los artistas populares.

        ¿Lo sabrá Dyango?

        El Morocho del Abasto

I’m your Man. Leonard Cohen.

 I’m your Man. Leonard Cohen.

 

         LEONARD-COHEN-PARA-WEB   Aquí en España, a nivel de gran público, lo conocimos cuando irrumpió en nuestra pequeña pantalla, en algún espacio musical, quizás a finales de los ochenta. Ya era una figura consagrada y los iniciados, incluso en España, ya lo conocían. Me llamó la atención, especialmente, el aura camp en la que se envolvía. La quietud de su estampa, el tono quedo de su voz y el micrófono retro, ahora dirían “vintage”, tras el que ocultaba su boca susurrante. También el poco trabajo que les daba a las chicas del coro, que le acompañaban. ¿Forzaban la imagen al blanco y negro? Quizás no fuera así, pero así lo recuerdo.

            Ahora, al rememorar, me llama también la atención, mi propia reacción: rara vez presto atención a los artistas que pertenecen a esa entelequia que denomino “el mundo anglo-sajón”, salvo contadas ocasiones. Que nadie siga mi ejemplo, son cosas mías, ¿acaso una pueril autodefensa contra esa culturilla que nos invade? El caso es que a al flemático Cohen no se lo tuve en cuenta.

            Más tarde conocí lo que le animó a lanzarse al mundo de la canción. Al parecer ya había escrito algunas letrillas, pero un cierto pudor le impedía intentar interpretarlas en público. Un día, realidad o ficción, cuentan que oyó a Bob Dylan por la radio y se dijo: ¡Si éste se atreve, yo también! Y así, según parece, empezó todo.

            En mi tierna juventud, no es una frase hecha, bueno sí, aunque fue tierna, me llegaban ecos de los conciertos en la británica Isla de Wight. Más que de los conciertos, en verdad, del ambiente libertino que allí se vivía. Tampoco esto me llamó especialmente la atención. Muchos, muchísimos años después, cuando ya era este escribidor de bitácoras un admirado entregado, pero tranquilo, del bate canadiense, me regalaron un disco antiguo. Incluía un DVD de su participación en uno de los conciertos en la isla de Wight. Corría el año de 1970. Un calmo, muy calmo y joven Leonard Cohen se exponía sobre un escenario ante una descomunal campa de espectadores yacientes y adormilados. Algunos, no pocos, sin embargo estaban atentos. Eran las cuatro de la madrugad, aproximadamente. Él vestía una suerte de chaqueta sahariana arrugada a más no poder, pijama declaro él, pelo largo, barba de algún día y guitarra en ristre. Allí con flema casi exasperante, desgranó sus canciones con la casi inapreciable, pero preciosa colaboración de sus coristas… Repasando la lista de las canciones, una vez más constato, que los artistas de larga trayectoria, a una edad bastante temprana, ya habían compuesto lo mejor de su repertorio.  Cohen tenía, a la sazón,  treinta y cinco años. De entre las canciones allí susurradas evoco: “So long Marianne, That’s not way to say goodby, Suzanne, The Partisan, Famous Blue Rain Coat…

            Resulta curioso, cuando un artista entra a formar parte del universo privado, sentimental, de un paseante, cómo una reseña, una imagen evocada… Al que les escribe, envilecido por la vida, un buen día le dio por estudiar alemán. Un librito de lectura, adaptado, de los que fabrica la factoría Langensheidt, contenía una escena en la que una joven alemana adolescente, como signo de rebeldía, se encerraba en su habitación y ponía “a todo volumen”, como si ello fuera posible, un disco de Cohen: “Songs of love and hate”. ¡Menudo signo de rebeldía!

            Toda su discografía, salvo algún olvido, es en inglés. Sin embargo, en una de las primeras canciones,  que escuchó este redactor, The Partisan, hay un homenaje precioso a otra lengua. Cada vez que la oye, espera con impaciencia, ese párrafo, esos versos:

            J’ai changé cent fois de nom,

            j’ai perdu femme et enfant,

            mais j’ai tant d’amis.

            J’ai la France entière.

            Un vieil homme, dans un grenier,

            pour la nuit nous a cachés.

            Les allemands l’ont pris.

            Il est mort sans surprise.

            Se le concedió el Premio Principe de Asturias de las Letras. En su discurso quiso destacar que un muchacho español, que tocaba flamenco en un parque de Montreal, le enseñó a tocar la guitarra española. Tan solo seis acordes; la base del flamenco. El premio se le concedió  en 2011. Hace un mes escaso, se anunció el Nobel de las Letras para Bob Dylan. Quizás el próximo sea para Cohen, razonó un servidor. Pero no le ha dado tiempo. Descanse en paz.

                        El Morocho del Abasto

Alberto Cortez en el Olympia (de Valencia). Junio de 2016

            Alberto Cortez en el Olympia (de Valencia). Junio de 2016

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            Era miércoles 29 de junio. Verano. En Valencia. Los que amablemente siguen estas crónicas del alma saben de la turbación ante el hecho de entrar en un teatro a plena luz del día, todavía con gafas oscuras. Pero el horario de inspiración europea parece haberse instalado a perpetuidad.

            Como siempre asistimos al espectáculo siempre gratificante de llegar nada más abrir las puertas, para así contemplar cómo, una vez más, el teatro se va llenando de público. Los viejos artistas tienen todavía predicamento. Asistimos a una época en que éstos son muy longevos artísticamente. En el público, este redactor de bitácoras reconoció  a los jóvenes de cuando él era niño; esos jóvenes quizás algo más sensibles que protegían sus tímpanos de la exposición a los decibelios de otras opciones musicales. Por lo que se deduce llegan con una aceptable salud auditiva para dejarse seducir con la palabra cantada y con la canción dicha.

         El telón se levantaba con apenas unos minutos de demora sobre la hora anunciada: 8.30, al tiempo que una voz poderosa, la suya, se arrancaba con los versos:

               Viento, campos y caminos… distancia,
               Qué cantidad de recuerdos

       El telón dejaba ver primero al anciano cantor sedente sobre un sillón orejero… El público tras una fracción de estupor correspondió con su aplauso de bienvenida…

                 de infancia, amores y amigos… distancia,
                 que se han quedado tan lejos.

       El telón totalmente abierto dejaba ver un escenario intimista: piano y pianista; sillón y cantor; atril y libro de letras…

                  Entre las calles amigas… distancia
                  del viejo y querido pueblo
                  donde se abrieron mis ojos… distancia,
                  donde jugué de pequeño.

       Y sonaron los acordes y con ellos los versos finales:

                   Un corazón sin distancia quisiera para volver a mi pueblo.

       ”Para volver a mi pueblo.” ¿Casualidad en la elección del tema de arranque del concierto o intención bien hilvanada? En efecto, era un regreso. La anterior cita, última que el escribidor recuerda con el público valenciano, fue años ha, en la misma sala, en compañía del gran ausente Facundo Cabral que una balacera criminal silenció para siempre en Guatemala. Quizás haya habido otras, pero queremos destacar esta como homenaje a otro gran cantor asilvestrado y que nadie recordó en nuestra querida “Madre Patria”. El aplauso sobrevenido a la primera pieza entregada no fue sino el preludio de otros que llegaron después.

      ALBERTO-CORTEZ-2 Pronunció cortos parlamentos entre canción y canción, pocos para la dialéctica fluida atribuida a los argentinos. Evocó cortos pasajes pretéritos, cantó algunas de sus canciones más conocidas: Te llegará una Rosa, El Abuelo… Composiciones propias, cantadas con otro tempo, con la sola compañía de un pianista enorme, de la tierra —dijo en uno de los parlamentos. También tuvo un recuerdo para Miguel Hernández con su Nanas de la cebolla, versos que él musicara en tiempos de carnes prietas y que prestara a su amigo Joan Manuel Serrat. A veces, entre canción y canción, acudía un muchacho solícito a cambiar la hoja del libro sobre el atril. El poeta cantor pidió disculpas por cantar sentado, condición a la que se veía obligado tras una caída tonta y una operación desafortunada. Continuó alegando que en cualquier caso mientras le quedara un poco de voz para cantarles a ustedes… Se produjo lo esperado; el público ya entregado, rompió en aplausos.

       Es cosa común, que este escribidor ha colegido, que todo cantor argentino de talla rinde en algún momento homenaje, ora a Gardel, ora a Atahualpa Yupanqui, incluso a ambos. Cortez, por la temática de sus canciones, siempre más próximo a Atahualpa que al Mago, recordó la canción arriera, sencilla de texto, pero profunda de sentimiento: Los Ejes de mi Carreta.

    ALBERTO-CORTEZ-3   Se permitió, su sempiterno ejercicio de pequeña vanidad, dejando caer el micrófono al suelo, cantando a capela una de sus más célebres composiciones. Con Castillos en el Aire quiso despedirse, y llegando al final cuando se cuestiona sobre la posibilidad o no de volar, invitó al público a convocar, con movimiento colectivo de brazos, una corriente de aire que lo hiciera levitar. En este punto, la ironía cobraba especial significado: levitar al que caminar no puede.

       Finalmente tuvo una levitación asistida; el pianista a su diestra y el asistente a su siniestra, entre los dos lo mantuvieron en bipedestación, dando cuenta de su enorme estatura: casi dos metros. Su talla como artista ya había sido demostrada.

          ALBERTO-CORTEZ-4  El Morocho del Abasto

LA CHANSON FRANÇAISE (II)

LA CHANSON FRANÇAISE  (II)

Le Regard d’un Méridional.

 

ARISTIDE BRUANT-PAR LAUTRECAristide Bruant (1851-1925)

Chansonnier et écrivain français né dans une famille bourgeoise. Enfance et adolescence solide formation surtout en latin et grec. À l’âge de 16 ans il doit quitter le collège à cause de revers de fortune de la famille.

Mais, il se passionne de l’argot; étudie l’argot. C’est alors qu’il utilise la langue colorée de de la rue, la langue du peuple, puis il prend aussi sa pensée; sa voie est trouvée.

Il a son grand succès au Chat Noir, un fameux cabaret de Montmartre, mais le patron ne le payait pas, alors il ouvre son propre cabaret avec 1000 francs, le prête d’un admirateur.

Sa façon de s’habiller: cape noire, cache-nez rouge, culotte enfoncée dans des grosses bottes et feutre noir à larges bords le rendent populaire, surtout après l’affiche de son ami Henri de Toulouse Lautrec. Ce sont aussi ces petits tableaux qui rendent célèbre au peintre.

Maurice Chevalier (1888 – 1972)A-MAURICE-CHEVALIER

Acteur, chanteur, écrivain et parolier français. Il eut un faible début aux cafés concerts avant la Grande Guerre. Après, La Mistinguett le découvre et fait de lui son partenaire. Il devient le dandy frivole qui maintient un certain accent canaille et suburbain. Dans les années 30, il commence une carrière cinématographique à Hollywood. Après la deuxième guerre, il est soupçonné de collaborationniste, mais il est rapidement restitué.

L’image qui restera toujours c’est le canotier à la tête, la canne à la main et le sourire à la bouche.

B-FERNANDELFernandel (1903 – 1977)

Acteur, humoriste, chanteur et réalisateur français.

Issu du Music-Hall, il fut l’un des plus grands du cinéma français. Avec cette expression faciale, il est évident qu’il ne pouvait que faire du comique. Il acquit la gloire surtout lorsqu’il interpréta don Camilo, le curé toujours en querelle avec son ami le maire communiste don Pepone.

Comme chansonnier il eut un grand succès. Je voudrais vous réciter quelques vers de son tube Félicie aussi :

C’était au Bois de Boulogne / que j’ai rencontré Félicie

Elle venait de la Bourgogne / moi je venais en taxi…

 

Charles Trenet (1913 – 2001)trenet_charles

Considéré le père de la chanson française moderne, il chantait tout sous un air de légèreté, comme un Pierrot illuminé. Sa chanson « la mer », écrite dans un train de Montpellier à Perpignan,  peut être considérée l’une des premières chansons appartenant au genre Chanson française moderne. Douce France c’est autre de ses grands tubes.

 

H-GEORGES-BRASSENSGeorges Brassens (Sète 1921 – 1981)

Le grand timide de la chanson, sans doute le plus poète de tous, avec la permission de Léo Ferré. Outre que ses propres compositions il a chanté François Villon, Hugo, Verlaine, Aragon et d’

autres. Il a eu toujours une tendre “mauvaise réputation” comme sa chanson homonyme. En Espagne, cette chanson, pour des jeunes d’une certaine génération, est devenu célèbre grâce à Paco Ibáñez.

G-JACQUES-BRELJacques Brel (1929 – 1978)

Que dire de Jacques Brel, le beau garçon belge? Il est connu dans le monde entier par son “Ne me quitte pas”, la plus belle chanson d’amour jamais écrite. Peut-être un peu exagéré, mais mon Dieu, qu’elle est belle. J’ai entendu sur un chanel de You Tube, un entretien à la Télé française avec le président Mitterrand pour parler en exclusivité de Jacques Brel et de son dernier album. Amen.

 

CHARLES-AZNAVOURCharles Aznavour (Paris 1924 – )

Comme longève,  (longevo) n’existe pas en français et dire d’une grande longévité est un peu pompeux, je dirais le diplodocus de la chanson française. Ici, j’aurais besoin de toute la conférence pour en parler. Alors je n’ajoute rien; regardez tout simplement ce visage, souriant, ironique, plein de dignité aussi orgueilleux, fier et certainement  un peu vaniteux, car il y a des artistes immenses qui peuvent se permettre ces velléités

 

barbaraBarbara (1930-1997)

La Dame Brune. Une poésie engagée, vibrante, chanté presque toujours sur des mélodies de piano qu’elle même jouait. Elle a chanté Brassens  et Brel et surtout une délicieuse La Dame Brune, paroles et musique de Georges Moustaki, chantée à duo avec lui. Je vous encourage à voir cette vidéo, où l’on voit le donjon calme, méditerranéen et impassible de Moustaki et une dame brune, elle, qui transpire, je dirai de l’amour par tous ses pores, qui s’avance vers lui dans un parcours qui ne s’achève jamais.

F-JULIETTE-GRÉCOJuliette Gréco (1927-

Tendre et dure histoire, comme il y en a d’autres : Une fille arrive seule à Paris ayant pour tout bagage un billet de train et une adresse. Par ces choses de la vie, suivant des cours d’art, elle côtoie  d’autre jeunes fous comme elle lesquels, dans une cave voutée  à Saint Germain-des-Près,  dansaient, faisaient de la musique et parlaient philosophie. Jean Paul Sartre, malgré ses dioptries, la remarqua et fit d’elle la muse de leur groupe : les existentialistes. Il lui proposa de se dédier à la chanson, mais comme elle répondit que ce qu’elle écoutait à la radio ne lui plaisait pas, Sartre lui fournit quelques paroles. Un ami compositeur écrivit la musique. Et comme ça, tout simplement el débuta à Saint Germain.

Gilbert_BecaudGilbert Bécaud (1927 – 2001)

Surnommé, comme vous le savez Monsieur 100.000 Volts. Élégance d’habit, toujours une cravate à pois, élégance sur scène ; voix puissante, imposante carrure.

Quelques de ses chansons restent comme le grand bagage sentimental de plusieurs générations : « El maintenant, l’important c’est la rose, Nathalie, Dimanche à Orly… »

 

 

D-EDITH-PIAFÉdit Piaf (1915-1963)

Surnommée à ses débuts la môme. Née sur les marches d’un immeuble à Paris, dans le plus grand dénuement : sa voix, plus tard bouleversa le monde.

Parler de la voix de la Piaf, c’est parler de choses insaisissables, bien qu’elle a une voix saisissante, frappante. Si l’on ajoute grave, ce n’est pas encore tout dit. Il faut parler aussi de timbre, couleur et de palette. Mais laissons ces choses pour les spécialistes. Restons avec sa Vie en Rose et surtout avec Non, je ne regrette rien.

 

E-YVES-MONTANDYves Montand (1921-1991)

La France a failli d’avoir un président chanteur-acteur. D’après l’exemple de Ronald Reagan, les choses se sont, peut-être, bien passées comme ça.

Si la Piaf est la chanteuse Parisienne, le modèle, sans doute, vous permettrez que j’ose dire que ce chanteur français, né italien, est la voix de la France, la voix masculine et que Charles Trenet me pardonne. Évidemment, le pauvre ne peut rien dire. Écoutez, si possible, La bicyclette et les Feuilles mortes.

 

I-LÉO-FERRÉLéo Ferré (1916-1993)

Auteur-compositeur-interprète et poète. On pourrait le considérer le chanteur Rive-Gauche par excellence.

Il chante sans honte, sans fard :

J’habite à Saint-Germain-des Prés

Et chaque soir,  j’ai des rendez-vous Avec Verlaine.

 

GEORGES-MOUSTAKIGeorges Moustaki (1934-2013)

Barbu, voleur de jardins

Découvreur de fleurs qui n’avaient pas de nom,

Traitre de sa liberté

Surveillé par sa belle geôlière

 

Tu t’en es allé comme tu es venu

Sur la mer de Nice

Qui baigne aussi l’Alexandrie

Et Sète où repose le grand fou

Qui porte le même prénom que vous

 

Manuel de Français

LA CHANSON FRANÇAISE (I)

LA CHANSON FRANÇAISE  (I)

Le Regard d’un Méridional.

LA-CHANSON-FRANÇAISE-WEB

(Extrait de la conférence offerte, en petit comité, par Manuel de Français dans l’École de Langues de Valencia le 19 Janvier 2016). (Première Partie)

 

trenet_charlesPour mieux comprendre le phénomène de la chanson française moderne, il faut que je vous parle d’abord d’un certain Charles Trenet surnommé le fou chantant. Il est en grande tournée en Amérique. Il se produit sur la scène dans les grands cabarets New Yorkais, puis au Canada et en Amérique latine. En 1946, à la fin de l’année, il est sur l’aéroport de Rio de Janeiro. Il doit s’envoler pour New York. Soudain, il entend annoncer un vol pour Paris. Pris de la nostalgie, il s’embarque et c’est dans l’avion qu’il compose Revoir Paris.

Avec votre complicité on va donner un saut de géant en arrière jusqu’au moyen âge. Nous voilà au moyen âge ; c’est beau ici, n’est-ce pas ? C’est l’âge de la peste et de la religion absolutiste. Mais c’est aussi l’âge des troubadours et des jongleurs. La poésie était chantée et la chanson était poésie. La différence entre troubadour et jongleur c’est que le premier est un auteur compositeur, et le deuxième exécute les œuvres du troubadour. Mais un jongleur s’il possède du talent pour la création peut devenir aussi troubadour. Et un troubadour pourrait interpréter aussi ses propres œuvres. Les uns comme les autres sont les inspirateurs de l’amour courtois, de la fine d’amour. On chantait l’amour mais on chantait aussi les gestes guerrières des rois.

Le jongleur s’accompagnait de différents instruments :

-De vent : flûtes, cornes (mal vues par l’église, à cause de la transfiguration du visage du musicien…)

-D’archet : la vièle, la lyre.

Musique et poésie, poésie et chant allaient de la main. Et cette cohabitation a durée quelques siècles.

À la fin du XVème qui marque la fin du moyen  âge et le début de la renaissance, avec l’arrivée de François Villon, à la vie absolument bouleversée, et d’autres se développe ce qu’on dénomme la poésie savante ; la poésie se libère de la musique pour se concentrer dans la beauté des mots mais aussi la chanson se libère des structures rigides de la poésie lyrique. La poésie devient de l’haute culture et la chanson chose populaire. Mais cette dissociation de la poésie lyrique et la musique ne se produit pas soudain.

Encore une fois avec votre complicité on donne un saut en avance jusqu’à la fin du XVIIIème. Sous les arcades du Palais Royal à Paris s’ouvrent des cafés où s’engagent des chantants et des musiciens pour des courtes interventions. Ils constituent le germe de ce qu’on appellera les cafés-concerts. Mais un décret de Napoléon I de 1807 supprime toutes ces velléités et ferme aussi grand nombre de théâtres.

Mais dans la deuxième moitié du XIXème se produisent les circonstances favorables et des nombreux cafés-concerts  s’ouvrent par toute la France. Seulement à Paris on compte plus de mille de ces locaux. Le café concert est un établissement qui réunit un public qui paie en consommations le plaisir d’entendre des chansonnettes, des romances, même des morceaux d’opéra. On jouit d’une grande liberté ; on n’est pas attaché à un horaire concret comme au théâtre, on ne doit payer nulle entrée, on peut fumer, boire et applaudir des chanteurs qui s’engagent pour peu de temps sur la scène. Par contre les chanteurs doivent exagérer, gesticuler déclamer à haute voix pour attirer l’attention des paroissiens parmi le brouhaha des locaux.

Le nouveau siècle arrive et le nouveau spectacle qui devient populaire c’est le cinéma. Nombreux locaux ferment, d’autres s’adaptent au nouveau spectacle et deviennent des salles obscures. Après la grande guerre apparaît par influence américaine et anglaise le music-hall. Le music-hall  à différence des modèles français traditionnells : le café concert, le café chantant, le cabaret propose un modèle différent dont on ne paie pas en consommations ; le débit de boisson devient secondaire et on paie une entrée et il y a un programme et un ordre de représentations. On représente des opérettes. Il ya un grand nombre de chanteurs-acteurs sur scène, il y a des décors etcétéra. La reine indiscutable du music hall et des opérettes est La Mistinguett. Il n’y a pas de reine sans roi mais du roi en en parlera après.

La deuxième guerre éclate, et dans la France occupée, malgré tout, le spectacle continue. À la fin plusieurs artistes sont accusés d’avoir chanté, d’avoir interprété pour les allemands.

Mais nous voilà de retour ; nous avions laissé notre homme, Charles Trenet à Paris.

Il a apporté l’exemple, « le one man show » Le microphone existe aussi. Le premier à s’en servir sur scène est un certain Jean Sablon, aussi un chanteur français très réputé. Comme vous savez ce sont les américains qui ont libéré Paris et la France ; le music hall bien qu’adapté au français est un modèle américain. Le disque à 33 tours vient d’apparaître et la radio a déjà une grande diffusion.

Dans cette ambiance, néanmoins, naisse la chanson française moderne. Le terme chanson française désigne un genre musical à part entière dont l’adjonction de l’adjectif française exprime une réaffirmation de la francophonie comme opposition à l’ambiance anglo-saxonne  dominante. Elle boit dans les sources de la tradition littéraire française, plutôt de la poésie. Ses poètes de référence sont surtout : Verlaine, Rimbaud, Baudelaire et parfois Aragon, Louis Aragon. Cette nouvelle chanson on l’appelait aussi Chanson Rive Gauche.

Et maintenant c’est le moment de vous faire un petit dessin.

BASE-PARIS-WEB

 

Le plan de Paris et la rive gauche.

 

La chanson moderne naisse quand un individu, lui seul, vêtu de noir où non, avec une orchestre derrière ou seulement accompagné de sa guitare, est capable de réunir un public assis et attentif pour l’écouter.

Bien qu’une nouvelle chanson, elle est une conséquence du moment de sa naissance, mais doit son tribute aux antécédents ; c’est-à-dire, l’opérette et le music hall. À cette époque une chansonnette extraite d’une opérette pouvait devenir un tube.

 

Voyons les noms les plus importants de la chanson :

D’abord les antécédents.

(À suivre)

Manuel de Français

 

Javier Krahe, el último jalón de su camino.

Javier Krahe, el último jalón de su camino.

 Adios-Javier-Krahe

Y yo que fui a rondarle
la otra noche a Marieta
la bella, la traidora
había ido a escuchar a Alfredo Kraus

Y yo con mi canción
como un gilipollas, madre
Y yo con mi canción
como un gilipollas

Aunque…

Hace tiempo que me importa un comino,
que el último jalón de mi camino
caiga lejos de Roma.
Hace tiempo no juego al acertijo,
tan esdrújulo de un padre y un hijo,
y una blanca paloma.

Sin embargo…

Yo tuve un gran amor durante un chaparrón
y sentí aquella vez tan profunda pasión,
que ahora el buen tiempo me da asco.
Cuando el cielo está azul no lo puedo ni ver,
que se nuble ya el sol, que se ponga a llover,
que caiga pronto otro chubasco.

Pero he de confesarles que…

Mi esposa padece furor uterino,
no damos abasto ni yo ni el vecino.
Y a mí me da pena del pobre Avelino.

Cada dos por tres me invento algún viaje
para reponerme de su amor salvaje
y ella, en cuanto salgo, le ordena que baje.

Ya se rasga su camisón.

Desde el descansillo lo llama: ¡Avelino!
y el hombre respinga, se pone mohíno,
le entra como angustia, maldice su sino.

Lo ves vacilante bajar la escalera
sabiendo de sobra qué es lo que le espera
en cuanto se encierre con tamaña fiera,

desprovista de compasión,

Y por añadidura…

Si el astro loco preside el paisaje
nada es soez
e igual que a ella le viste de encaje
su desnudez
da un espectáculo resplandeciente
de un simple falo,
lo magnifica románticamente
bajo su halo.

Y ella lo ve cual si fuera una alhaja
y lo acaricia
y, pues la luna es de quien la trabaja,
se hace justicia.

Pero después viene el cuarto menguante,
quieras que no
desmereciendo con ello el amante,
compréndelo,
entonces ella me busca por bares
de cara oculta
y vuelvo a ser el primus inter pares,
ella me indulta.

Ahora bien…

Si me obligarais a nombrar una mujer rara en la cama,
pondría, acaso, como ejemplo a la perversa Leonor,
sólo la excita lo textil, lo más sedoso de la gama:
rasos, satenes, terciopelos… lo mejor de lo mejor.

Es una cosa que me llena de estupor
esa pasión por lo textil de Leonor
que al cielo clama.

 

Delirante historia a partir de letras acaso surrealistas, pero casi siempre irónicas de las canciones de Krahe cuyo repertorio incluía traducciones libres de alguna de Brassens.

Javier Krahe nació en Madrid en 1944 cuando Amparito ya era una moza de 22 años. Según cuenta en alguna entrevista se fue al Canadá a los 25 años “por salir de aquí”, aunque algunos aseguran que fue tras de Annick, el amor de su vida. Allí holgazaneó, trabajó algún tiempo, en una librería, de la que le echaron por leer. Ironía del destino, ironías con las que amuebló las estancias de sus canciones. A veces el tono subió llegando hasta el sarcasmo, pero siempre sin perder las formas.

Alguien me dijo que un día, en la cama, decorado de algunas de sus canciones, manifestó a su mujer el deseo de  hacerse cantante. A lo que ella respondió que nunca le había oído cantar. Él se defendió alegando que no lo era, pero que quería hacerse cantante. Y ella repreguntó: “¿Y cuanto vas a tardar?”. Según le oí después en alguna entrevista declaró que si empezaba en el momento de los hechos, es decir cuando tenía treinta, en unos diez años lo conseguiría, mas antes tenía que aprender a tocar la guitarra.

¿Retranca al más puro estilo gallego, o peculiaridad del personaje? El obituario de un personaje admirado tiende a destacar sus luces más que sus sombras. Si bien el que nos ocupa, de mala fama a decir de algunos, como también la tienen las suegras, ha tenido la ocurrencia de morirse a los 71 años el mismo día que la mía, Amparito, a los 93.

No hay un hilo conductor que los vincule, o si lo hay: de vidas tan dispares, es una de las definiciones de las rectas paralelas, la que los une. Dos rectas que se unen en el infinito. Si el infinito es el día del fin, el de dejar de existir, el de la posibilidad de elevarse del cuerpo terrenal, para ella creyente… Para él, la eternidad en todo caso gracias al cromosoma… Ambos arribaron a ese dilema el mismo día: el 12 de julio de 2015. Recientemente. Él hacia las cinco de la madrugada, tal vez su hora de acostarse; ella un poco más tarde, según el galeno que llegó con mucho retraso, acaso a la hora de elevarse a la eternidad de su credo.

Y siendo tan dispares, ella que solo bebía agua y él la tomaba para las abluciones, ambos en ideas se escoraban a la izquierda, ella sin dejar de rezar a su Dios, desafiando a los que creen incompatible ser de izquierdas y creyente y él fundamentalista ateo.

Mi glosa al trovador de voz inexistente, verso genial, mordaz, fluido y música facilona, se siente balbuceante, débil… Sin tener nada qué ver, al intentar evocarlo, me viene la voz, la imagen, el recuerdo de… Amparito.

Manuel de Français