Luis Eduardo Aute en Godella o la rotulación de las butacas.
Sábado 13 de Abril de 2013 en Godella. Teatro-Cine Capitolio, 22.30h. Fiel al hábito contraído de llegar con antelación para ver el ambiente y la gente llegar. Ello también da pie a solventar algún eventual contratiempo. Paso por el control de entradas sin problema. ¡Hurra! Primera prueba superada. Un chico sonriente elegante a la par que sobriamente vestido indica la localización de las butacas. En mis entradas la cosa esta clara: fila 12 butacas 2 y 4. No hay pérdida. No obstante para que se sienta útil le pregunto. Me responde: en la cuarta a la derecha, aunque pone impares son las pares. No entiendo, como es lógico, la explicación pero ante la claridad de las entradas, sigo adelante. Con mi acompañante. El teatro a media luz; la rotulación de las butacas ilegibles para un présbico, término inexistente pero de mi autoría para designar al que padece de presbicia. La utilidad mayor de una acompañante con bolso es la de poder confiarle la custodia de pequeños objetos valiosos, a saber: las lentes de vista.
─No me las has dado. ¡Las tendrás tú!
No me atrevo a discutir so pena de protagonizar un espectáculo paralelo al oficial. Finalmente de algún intersticio del bolso aparecen las dichosas lentes. Me las calzo y busco la numeración. Dos señoras sentadas tras la posición que más tarde comprendimos que nos correspondía nos aclaran lo que es obvio: “En todo teatro los pares están a la derecha y los impares a la izquierda, pero se han equivocado así que aunque pone impares, aquí son los pares.
” Vale aclarado esto…
Una voz de fémina anuncia que va a comenzar el espectáculo. Se hace oscuridad la sala y comienza la película de animación: El niño y el obelisco. No diré casi nada por si alguien quiere verla. Tan solo que forma parte del disco: El niño que miraba el mar. En mi opinión, el filme podría tener el mismo nombre y haber suprimido completamente al obelisco. Pero como decía Facundo Cabral de Jorge Luis Borges (yo lo adapto a Aute): Nos unen tantas cosas/ pero una sola nos separa/ para proclamar tu enorme altura/ tu eres Luis Eduardo Aute/ y yo quien te escucha.
Aplausos de cortesía tras el filme. Penumbra en las sala. Los músicos se van instalando. Emerge una silueta reconocible. Aplausos. Luz de concierto. Arranca una primera canción del último disco. Suena bien. Saludo del cantor en valenciano-catalán. Si ya su voz es en tono quedo, la última sílaba es imperceptible. ¿Qué habrá dicho? Me pregunto, nos preguntamos. Tras la segunda canción los monólogos ya son en español. Pero claro, las últimas sílabas; la misma cosa.
Un teclado, una chica multifunciones: percusiones, palillos, “juguetes musicales”,segundas voces en momentos puntuales, guitarra extraña; y un guitarra. Total tres músicos jóvenes. El guitarra, Tony Carmona, a la par arreglista y productor rayano en el virtuosismo. En una canción del disco anterior: Atenas en llamas, sin cambiar de guitarra le arranca unos sonidos de la música tradicional griega. ¡Soberbio!
Siguiendo el protocolo moderno de los conciertos entre canción y canción, diálogo filosófico-cómico. Como novedad además casi todas las canciones incluían una frase o un pensamiento a modo de prólogo o introducción. En un momento pide perdón por cantar las canciones nuevas alegando que quiere que se conozcan, que no las oiremos en la radio y en la televisión.
El niño que miraba el mar nace a partir de una foto que le hizo su padre en 1945 en el Malecón de Manila, su ciudad natal. Muchos siglos después (según sus propias palabras), su hija le hizo una foto en el Malecón de La Habana en pose similar. Ella no conocía la existencia de la foto anterior. Pero descubierta ésta, le regalaron (sus hijos) un montaje con ambos individuos. De ahí se suscitó un posible diálogo entre adulto-niño en que el primero le pregunta al segundo si se reconoce en el adulto que ha llegado a ser. En una de las múltiples entrevistas que le han hecho concluye que al menos la curiosidad ha permanecido invariable.
Un septuagenario comprometido, curioso, creativo, en aceptable forma, de ademanes tranquilos, voz queda y acariciadora. Anunció que el concierto iba a ser largo y así fue. Hizo dos bloques de bises; en la final del segundo, se quedó solo en el escenario con su guitarra que reservó para ese momento.
Godella se vistió de gala en lo emotivo. Enhorabuena a los organizadores. No es habitual tener tamaña programación en un pueblo de poco más de 10.000 habitantes. Un tirón de orejas para los rotuladores de las butacas.
Godella a 19 de Abril de 2013
Manuel de Français
