Sesudas Inquisiciones sobre la Lengua Portuguesa. Desvaríos de un estudiante español y debutante.

            Sesudas Inquisiciones sobre la Lengua Portuguesa.

            Desvaríos de un estudiante español y debutante.

 

       EL-REPARTO-web     Cuando España y Portugal se repartieron el mundo por conocer, allá por el 1494, en virtud del tratado de Tordesillas, se repartieron y de ello nadie habla, también el abecedario. Según los historiadores, de este reparto, salieron vencedores los portugueses.

            Así pues, como ganadores, se arrogaron también el derecho a elegir primero en el abecedario. Aquí no cabía la exclusividad, pero sí la preeminencia.

            Movieron ficha primo y eligieron la “m”; para nosotros quedaba la “n”. De resultas, los lusos se engolosinaban con: um, uma, algum, alguma, alguém, nenhum…; nosotros decimos, no sin orgullo:  un, una, algún, alguna, alguien, ninguno… Les gustó tanto la “m” que para reafirmarse, la añadieron a la afirmación por excelencia; así afirmaban con su sim, mientras que nosotros nos quedábamos con un parco sí. Quizás les llegó un remordimiento postrero y aunque lo mantuvieron en la grafía, no lo pronunciaban. Distintivo de una nasalidad a la francesa. ¿Guiño, pasando por encima de nosotros, al vecino transpirenaico? Por ello, Amália Rodrigues se escandalizaba y pedía a la capital de su país: Lisboa não sejas francesa, tu és portuguesa, tu es só para nós.

            Nadie domina el abecedario si no gobierna sobre las vocales. Aquí también quisieron ser primeros. Se hizo, no obstante, un acuerdo previo; se estableció una zona de no beligerancia, una muestra de amabilidad. La “a” sería de todos; todos usarían de ella con prodigalidad, pues con ella se construye madre y mãe, que es en definitiva donde empieza la vida. Tras este gesto de fair-play, siglos antes de que se acuñara el término, se reanudaron las hostilidades.

            Los lusos eligieron para sí la “e”, dejándonos la “i”. Después, un cierto arrepentimiento les hizo otorgar a la “e” propiedades de “i”. Comprendieron que la conjunción copulativa en español, “y” era mucho más elegante; así le dieron esta gracia a su austera “e”.

            Eligieron de nuevo, aquí no podemos equivocarnos pensaron y adoptaron la “o”, dejándonos la “u” ya que sus referentes, los franceses la pronunciaban tan cursi. De nuevo, otra vez tarde, comprendieron que una “u” pronunciada a tiempo, tampoco deslucía y le concedieron a la mentada “o” esta propiedad. Tan contentos quedaron del trueque que lo emplearon, por partida doble, para su adorado país; así Portugal se lee [Purtugal] *.

            Tras este trueque, les llegó otro nuevo arrepentimiento y quisieron reafirmarse en el sonido “o” que, como se sabe, es el más redondo de todos. De nuevo recurrieron a una treta “a la francesa”, pero invertida. Así como nuestros vecinos del norte para conseguir una “u” que diera verdadero miedo, le antecedieron una “o”, formando el dígrafo “ou”= [u]*, nuestros vecinos del este adoptaron el mismo dígrafo para el sonido [o]. Sou de Portugal [Só de Purtugal]*.

            Tras esta guerra de la vocales, una vez conseguidas, al igual que un pueblo, en este caso el español, que anduvo reclamando una vacuna contra la gripe aviar y, una vez conseguida, proclamó: ¡Ahora no la quiero!, así nuestros amigos, los portugueses decidieron comerse las vocales uniendo consonantes. ¿Al estilo germánico? ¿Quién sabe?, pero esto es objeto de otra historia.

            A la espera de una nueva entrega, nos despedimos con un manifiesto: Eu gosto muito de português!

 EL-REPARTO-web

            Manuel de Portugal

[ ] * Algunas transcripciones fonéticas, más que libres, son libérrimas. 

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